Lunes , 25 Septiembre 2017

EL OTRO DATO/ ¡Un veranito!

 

JUAN CHÁVEZ. Para muchos, sobre todo de las generaciones actuales, ha llovido a madres.

Y ligan el fenómeno al cambio climático, imbuidos de las ideas que sobre tal cambio se manejan en el mundo entero.

Más ahora, que el presidente Macron de Francia ha anunciado una nueva reunión cumbrera para llegar a nuevos acuerdos sobre la urgencia de dar vigencia al protocolo de París y detener el acelerado crecimiento industrial que produce por millones de toneladas los gases de efecto invernadero.

La ciudad de México se inunda todos los días, desde hace tres semanas, por las torrenciales lluvias que ahora el Servicio Meteorológico Nacional ha dado en medir por litros por metro cuadrado.

Con tal decisión se hace más gráfico el cúmulo de agua que el cielo desparrama sobre la ciudad.

Pero las lluvias, también tempestuosas, se han desencadenado este verano en casi todo el territorio nacional, lo que ha provocado inundaciones en muchas ciudades y comunidades.

Para acabarla de amolar, en las noches, a veces también lluviosas, se están registrando fríos como en la época invernal.

Lo cierto es que estamos en temporada de lluvias y que los temporales son propios de la misma, como ha sido desde siempre.

El cambio global del clima no opera para nada en las tempestades que se están registrando.

Pasé varios años, en los tiempos de Echeverría, conviviendo con ejidatarios de tierras de temporal, y recuerdo como ellos se quejaban del daño que las tormentosas lluvias causaban a sus sembradíos.

Arar la tierra y sembrar en la última semana de junio para aprovechar las lluvias ligeras del incipiente verano, era su esperanza.

Pero cuando llovía de más, como ahora está pasando, clamaban:

¡Dios nuestro danos un “veranito”!

La primera vez que les escuché su dolida plegaria al Supremo y sin entender qué era un veranito, les pregunté:

– ¿Un veranito para qué; estamos ya en pleno verano?

-Un veranito, me explicó uno de ellos, es que deje de llover unos días. Las siembras se echan a perder, se las traga el exceso de agua.

Era evidente. Los canales de la tierra arada para la siembra estaban copados de agua.

Les acontecía igual cuando la incontrolable naturaleza retrasaba la temporada de lluvias.

En uno de esos años de sequía, aprendí como la sortean y como le apuestan a lo que la divinidad les mande.

Ellos, los campesinos de tierra de temporal, son acérrimos creyentes de Dios. Pero lo desafían constantemente.

-Si el día 26 de junio no ha llovido, tiro la semilla, y espero que llueva. Si no, ya me chingué.

Es el agua, a veces amiga, casi siempre enemiga.

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