Miércoles , 23 Agosto 2017

LA COSTUMBRE DEL PODER/ Tapamos el pasado, con él, el futuro

 

*¿Existe alguna analogía entre la decisión de tapar el Zócalo original, y las cifras de las víctimas de la delincuencia organizada? Claro, ambas reflejan las consecuencias de decisiones gubernamentales y políticas públicas; también las dos nos niegan como país con futuro


GREGORIO ORTEGA MOLINA.
Me queda la sensación de que nuestros gobernantes se avergüenzan de su origen histórico. Dan aliento a neo historiadores, facilitan la desaparición de los mitos nacionales, de la idea de patria y sentido de pertenencia, del concepto de soberanía.

La reflexión anterior es motivada por el descubrimiento del Zócalo original, diseñado y construido cuando Antonio López de Santa Anna fue el mandamás; como su historia militar y política, incluso su destierro interno en Manga de Clavo es visto con recelo, consideraron prudente taparlo de nuevo y dejar esa horrible y desértica plancha cuya única utilidad es convertirla, ocasionalmente, en el centro de adoración del tlatoani sexenal.

Hay recursos económicos y técnicos para mantener ese descubrimiento a la vista, para que sirva de antecedente y meditación sobre los pasos históricos dados por los gobernantes, pero resulta que temen al registro indeleble dejado por el pasado, el anterior y el que apenas empieza.

De idéntica manera a como niegan el pasado, se empeñan en destruir el futuro. De acuerdo a los datos arrojados por la última Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana realizada por el INEGI, las diversas sensaciones de inseguridad continuaron en aumento durante los últimos meses: el 74.9 por ciento de la población de 18 años y más consideró que vivir en su ciudad es inseguro.

Modificada la amplitud de la encuesta a partir de junio de este año, la ENSU brinda cifras representativas de 54 ciudades de interés, así como de la Ciudad de México, que está dividida en cuatro regiones (Norte, Sur, Oriente y Poniente).

Las áreas urbanas con mayor porcentaje de personas de 18 años y más que consideraron que vivir en su ciudad es inseguro fueron: Villahermosa, Ecatepec de Morelos, Chilpancingo de los Bravo, Reynosa, Coatzacoalcos y Fresnillo, con 96.6, 94.6, 94.1, 89.6, 89.5 y 88.1 por ciento.

Por el contrario, las ciudades con menor percepción de inseguridad son Puerto Vallarta, Mérida, Piedras Negras, Saltillo, Durango y Tepic, con 29.5, 30.7, 35.3, 35.7, 37.8 y 48.6 por ciento, respectivamente.

Es preciso recordar que los últimos mayo y junio las muertes con violencia superaron todas las cifras, desde el año en que se determinó llevar ese registro. Además, crece el índice de mexicanos adictos a algún estupefaciente, de los desaparecidos y de las víctimas de trata, sin contar con que también se incrementa el número de migrantes centro y sudamericanos que, por una u otra razón, permanecen en territorio nacional.

¿Existe alguna analogía entre la decisión de tapar el Zócalo original, y las cifras de las víctimas de la delincuencia organizada? Claro, ambas reflejan las consecuencias de decisiones gubernamentales y políticas públicas; también las dos nos niegan como país con futuro. ¿O no, lector?

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