Travesía 202/ Medio siglo de ThePiper at the Gates of Dawn de Pink Floyd

Serafín Vázquez Lozada

Puebla, Puebla, 13 de noviembre (entresemana.mx).-No deberías decir eso. Yo estudié arte durante siete años. Es importante. Es lo que más importa”.

Syd Barret respondía así a quien momentos antes celebraba la creciente fama de Pink Floyd con estas palabras:

“A la mierda con el arte, lo único que importa es la plata”.

Recién había comenzado 1967, y el grupo regresaba de un concierto, todos apretados en un auto. Estaban por firmar un contrato con EMI – el sello de The Beatles- para grabar ThePiper at the Gates of Dawn, su primer disco.

Pero Barret, autor del nombre del grupo y de la mayoría de las canciones de ese Long Play (LP) ya no sería testigo de que esa fidelidad al arte llevaría a la banda a recorrer el mundo y a  The Piper at the Gates of Dawn a cumplir su primer medio siglo.

Nacido el 6 de  enero de 1946, su tormentoso final comenzó irónicamente tras el éxito de The Piper…; su caída en la locura se aceleró por el consumo inmoderado de LSD, la droga de la creatividad, de moda en los años 60.

Fríamente, su banda lo apartaría y reemplazaría por el guitarrista David Gilmour en 1968.

Solitario, y ayudado por la banda, particularmente por su amigo Gilmour, pudo grabar dos discos  como solista en 1970: The Madcap Laughs y Barret.

Todos queríamos que volviera, recuerdan Andrew King y Peter Jenner -co-managers del grupo en esa época- e intentaron que el mismísimo R. D. Laing lo atendiera, pero todo fue en vano.

Roger Keith Barret recorría el mástil de la guitarra con un encendedor Zippo y creaba un efecto metálico, como el grito pe un pájaro… no era un gran guitarrista, pero tenía una gran imaginación… Y la habilidad para destilar.

Aquejado de diabetes, murió el 7 julio de 2006 en la casa de sus padres, en Cambridge.

Tras su muerte, los Floyd -Gilmour, Wright y Mason- reconocerían: Barret fue la luz primera que guío  a Pink Floyd, y su legado sigue inspirando.

Waters, más expresivo, diría: Syd era encantador y con un talento único. Seguirá brillando siempre por su obra conmovedora y profunda.

Sus canciones eran sorprendentes porque en esa yuxtaposición extravagante y loca de ideas y palabras, había una comprensión poderosa de la humanidad. Eran canciones humanas…

Ocho de las 11 composiciones de ThePiper… son de Barret: Astronomy Domine, Lucifer Sam, Matilda Mother, Flaming, The Gnome, Chapter 24, Scarecrow y Bike.

Las otras, dos son en coautoría con Floyd, y una de Waters: Pow. R. Toc H., Interstellaroverdrive, y Take up thystethoscope and walk.

La portada era una foto grupal, vergonzosamente truculenta, tomada con la ayuda de un filtro multiimagen. Barrett diseñó una muy buena imagen de la silueta del grupo, al estilo de mancha de tinta Rorscharch, que aparece en la careta posterior de la funda.

 

Las canciones o tracks

Chapter 24 es una adaptación del capítulo 24 del I Ching:

Las cosas no pueden quedar definitivamente aniquiladas. Cuando lo de arriba se ve completamente desintegrado, vuelve por abajo.

En Astronomy domine, Jenner recita los nombres de los planetas, se escucha el código Morse y enseguida órganos, guitarras y la batería. Habla de las lunas de Saturno y Urano, y una frase: las estrellas pueden espantar?

En Lucifer Sam, un retrato del gato de Barret, pero también de su novia Jennifer. Y luego de las funciones de los hemisferios cerebrales: lado izquierdo, lado derecho.

Y en Matilda Mother: un cuento infantil donde una niña no quiere que se apague la luz para que la historia continúe hoy, no mañana: Oh, madre, cuéntame más.

Flaming, otra canción infantil, con sus riffs de guitara. Solo en las nubes, todo azul. Aquí vamos, como siempre, tan arriba… un unicornio.

Parte del título de Pow R. Toc H proviene de una asociación civil benéfica.

Take up thy stethoscope and walk, aunque es una composición temprana de Waters, comparte la primera voz con Barret.

La música parece calmar el dolor, motiva el cerebro…. Doctor estoy vivo… las flores crecen… Doctor estoy enfermo…

Interstellaroverdrive una larga y pegajosa canción espacial que invita a la introspección, curiosamente, lograda en colaboración colectiva. Inspirada en el riff de My little red book de 1966.

The gnome, según Andy Mabbet, otro tema infantil, no olvidemos que se trata de un jovencísimo Barret (21 años).

Sus brazos no se movían, su cabeza no pensaba, grita Syd en Scarecrow. Tal vez prefiguraba su final, escribe David Fricke en 2006.

En su retrato del centinela de la melancolía tradujo con una sensibilidad agudísima una vida sombría en el exilio, algo que pronto llegaría a conocer de primera mano.

En Bike está una súplica a su novia:

 

Ven, vayamos a la habitación llena de canciones. Algunas riman, algunas hacen ruido, la mayoría son como un mecanismo. Vayamos a la habitación y hagámoslas funcionar.

 

50 años de ThePiper and at the…

Para algunos, el disco fue editado en agosto de 1967, para otros fue el 21 de octubre de ese año cuando los amantes de Pink Floyd pudieron adquirirlo.

Como sea, en 2017 cumplió su primer medio siglo, y a 50 años tal vez ya no sorprenda ni el sonido ni las letras de Pink Floyd. Pero para el México de finales de los años 60 esta música espacial, con sonidos electrónicos hacían viajar nuestra imaginación, despertaban nuestra rebeldía y ansias de libertad. Era revolucionaria.

Aún no usábamos el cabello largo ni nuestro lenguaje cotidiano era tan libre en las conversaciones.

La televisión era en blanco y negro, los maestros eran la autoridad en las escuelas, el teléfono era privilegio de unos cuantos y nadie conocía el I Ching El libro de las mutaciones.

Las mujeres en la secundaria usaban uniformes larguísimos que apenas dejaban ver sus rodillas, las estaciones radiofónicas transmitían, boleros, rancheras, baladas y rock en español; y si acaso había noticieros, nadie se atrevía a hablar y expresar sus opiniones.

Yo tenía 13 años y ni por casualidad había escuchado a Pink Floyd. En inglés creo que aún sonaban en la radio la nostálgica No milk today, de Herman’sHermits; y la desgarradora Eloise, de Barry Ryan.

Me hubiera gustado tener en mis manos ese primer disco de la banda, pero no. Fue hasta los años 70 que conocí su música por José Luis. Pero el tiempo me compensaba, pues él compró Nice Pair, una reedición de ThePiper… que además contenía A saucerful of secrets, originalmente grabado en 1968.

Ese segundo LP seguía sonando a Barret, pese a que incluía solo una canción del músico: Jugband blues.

En una entrevista de Mick Rock, a finales de 1971, Barret le confiesa:

 

Estoy desapareciendo, evito la mayor parte de las cosas. Estoy desandando el camino. En general, pierdo el tiempo. Perdón si no puedo hablar con demasiada coherencia. Me resulta bastante difícil que alguien pueda estar interesado en mí.

Si hubiera que definir The Piper… en breves palabras, escribiría que es música melancólica que despierta una profunda nostalgia

 

Pink Floyd

La guía definitiva de su música y leyenda

Rolling Stone, Argentina, 2014

Guía musical de Pink Floyd

Andy Mabbett

Grupo editorial Tomo

México, 2001

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