POSTIGO/ Monreal, no es real

JOSÉ GARCÍA SÁNCHEZ. Ricardo Monreal pensó que su capital político en la Ciudad de México le alcanzaba para ser vedette y hasta le sobraba. Se equivocó. El tiempo que consideró que le serviría para engrandecerse sólo lo desgastó. Monreal ya no es el que era y mucho menos el que quiso ser. Su protagonismo terminó con su liderazgo.

De tener un liderazgo real en la ciudad de México, se convirtió en el elegido de sí mismo, cuando una de las consignas de Morena radica en darle prioridad a la comunidad, Monreal simplemente pensó como viejo priísta, y quiso hacer un espectáculo que sólo le benefició a los enemigos personales y sobre todo, a los enemigos de Morena.

Monreal siempre estuvo consciente que al cuestionar los procedimientos Morena para elegir candidatos desgastaba a Morena, pero pensó equivocadamente que esto le otorgaría a él la categoría de demócrata. No fue así, se le consideró dentro de la categoría de la traición.

Monreal creó expectativas a su alrededor en el momento que no fue electo coordinador de Morena en la Ciudad de México por dos motivos fundamentales:

El primero, era crear un liderazgo fuerte como individuo, no como militante de ninguna organización. No lo logró, simplemente se desgastó.

Le segundo, ganar tiempo para colocar dentro de las ternas de Morena a gente bajo su control. Eso sí lo logró. Ante la ingenuidad o buena voluntad de los integrantes de Morena, Monreal se sirvió con la cuchara grande en muchos de los espacios donde habrá que escoger en ternas, una vez que los dos primeros filtros de selección no fueron consensuados.

Es decir, lo que siempre quiso hacer con su posible candidatura a la gubernatura, fue una encuesta “espejo”, que no está considerada dentro de las reglas de elección de su organización. Es decir, que haya encuestas paralelas y se comparan posteriormente para dar un resultado único, como si una cuadra de distancia modificara, en lo sustancial los resultados.

Si se llega a la encuesta quiere decir que en el primer proceso de selección, el consenso, no hubo unanimidad. Y una vez que la encuesta es cuestionada o sustancialmente echada abajo, se pasa al formato de la terna. Es en esa terna en la que Monreal se ha preocupado por introducir a su gente, aunque a algunos ellos deberían ser sujetos a examen antidoping antes de tomarlos en cuenta para concursar.

Así, si Monreal aceptara una candidatura en otro partido, también tendría injerencia en Morena, través de sus incondicionales. Es claro que la tarea política de Monreal no es la de desarrollar una vocación política o ejercer una sensibilidad propia de servidor público sino un proyecto personal, donde muchas veces ni siquiera sus actuales incondicionales están incluidos.

Esta disyuntiva presentaba públicamente Ricardo Monreal: considerar la posibilidad de militar en otro partido o ser su candidato externo; así, los ciudadanos pudieron darse cuenta de su indefinición ideológica y su imprecisión administrativa, que lo vuelven susceptible de caber en cualquier partido político del país. Es decir, lo mismo pudo haber llegado al Frente Ciudadano, con el PAN, el PRD y Movimiento Ciudadano y encajar perfectamente con su proyecto partidista.

Se habló de que podía regresar al PRI y a nadie le sorprendió, todos sabían que su forma de ser era compatible con ese partido, donde militó casi 15 años. Es decir, más que un militante, pareciera un mercenario de la política, cuya forma de gobierno puede caber en cualquier organización sin problema alguno. Lo cual lo hace poco confiable. Más aun si tomamos en cuenta que luego de su gubernatura en Zacatecas triunfó el PRI en la entidad, encabezada por un candidato de segunda, Arturo Romo Gutiérrez, que ganó la gubernatura.

Aquí puede plantearse una disyuntiva: o hubo mal gobierno de Monreal, o éste negoció para que el PRI regresara a Zacatecas.

Así, la alegría de que no se vaya de Morena no debe ser auténtica puede ser una salida diplomática, política eminentemente, pero no es real.

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