EL OTRO DATO/ De nuevo,  gran matraca

 

JUAN CHÁVEZ. Como era de esperarse, prensa, radio y televisión destacaron en sus espacios la precandidatura que el PRI le otorgó a José Antonio Meade.

Las matracas y las porras volvieron a sonar estrepitosas en el estacionamiento del PRI, retacado en el piso y las tribunas con acarreados traídos de estados cercanos en decenas de autobuses que quedaron estacionados en las calles que rodean a los edificios centrales del que pareció volver a ser el partidazo,

Reapareció el papel picado con los colores del tricolor: rojo, verde y blanco que cayó sobre Meade y su esposa Juan Cuevas, luego de los 29 minutos que se llevó en su discurso descriptivo de lo que serán sus días de campaña.

Nada cambió en el escenario que el PRI construye para demostrar fuerza y decisión.

Nada cambió, salvo el independiente que el tricolor en vistió como “precandidato simpatizante”.

El rito sagrado del PRI, por decirlo rápidamente, se lo tragó.

Y no es con matracazos, gritos y miles de selfies como va ganar la carrera a Los Pinos.

Ya no son tiempos para los rituales viejos del viejo PRI. Meade, hasta ahora, ha convivido con los cuadros cupulares del partido y con los “acarreados” del domingo.

Ël, arropado por el Revolucionario Institucional como candidato totalmente apartidista, debe, antes que nada, anunciar su decisión de no afiliarse al instituto político que lo ha convertido en su hombre fuerte para retener la Presidencia.

Aunque no cuenta con padrón de sus afiliados, hay que reconocer que el PRI es el PRI y que el llamado voto duro representa, para los tricolores, entre cinco y seis millones de votantes seguros.

Pero no los va a conservar Meade si insiste en estar pegado a los viejos cuadros del partido.

Ya pasó la primera semana que dedicó totalmente a comer con los que los medios llegaron a considerar sus contrincantes en la nominación y convivió con los líderes de los tres sectores tradicionales del partido.

Pero no ha ido a las bases. Tiene que pisar el piso y ensuciarse los zapatos en las zonas más pobres de México que son, se quiera o no, parte importante de ese “voto duro”.

Tiene que desplegarse horizontalmente y con colaboradores que se identifiquen con los pobres y una clase media media, decepcionada por Enrique Peña Nieto.

No debe integrar un equipo alejado de los pobres, colaboradores que ahí, en esa masa de miserables, no identifiquen a ninguno.

Y comprender y entender los “decires” de Manuel López Obrador con sello eminentemente mediático.

Eso de otorgar amnistía a los jefes del narco crimen a cambio “de la paz del país”, es bomba que, como quedó demostrado, gano espacio en los medios, a un lado o debajo de sus carátulas o cabezales.

Aconsejaría, como priista, que Meade se ensucie los zapatos en las áreas de pobreza del país y le sugeriría  también que se acercara a EFE,  la agencia española de noticias, en busca de asesoría o, por lo menos, que siguiera con atención las crónicas de esa entidad hispana sobre sus actos como aspirante a La Grande.

Debe, sobre todo, desenvolverse ya como independiente y dar par cancelados sus tiempos de pleitesía a los Gamboa, Camacho y demás yerbas llenas del priismo que el pueblo tiene ya en la tumba de sus olvidos.

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