Vigente, el imperio de los escorpiones (II de V)

José Sánchez López

Ciudad de México, 9 de enero (entresemana.mx).- ¿Pero cómo llegaron a convertirse en la organización criminal más violenta e importante en el trasiego de estupefacientes en la frontera norte?

¿Dónde comenzaron su carrera delictiva?

¿Por qué fue el Cártel tolerado o consentido durante varios sexenios?

¿Cuál fue la causa de su debacle?

¿Por qué se les conoce como Los Escorpiones?

A mediados de la década de los setentas, antes de que en Tijuana, Baja California se conocieran o mencionaran siquiera los apellidos Arellano Félix, un clan dominaba ese territorio. Se trataba de los hermanos Pedro, Pablo y Carmelo Avilés Pérez.

Dentro de ese grupo figuraban jovenzuelos que apenas se iniciaban en el tráfico de drogas.

Entre medio centenar de incipientes narcos, se encontraban Miguel Ángel Félix Gallardo, “El Vampiro”; Jesús Abraham Labra Avilés, (a) “El Chuy” y Manuel Aguirre Galindo, apodado “El Caballo”, todos bajo las órdenes de los hermanos Avilés.

Por esas mismas fechas, el matrimonio de clase media baja, formado por Benjamín Francisco Arellano Sánchez y Alicia Isabel Félix Zazueta, oriundos de Sinaloa y nacidos en 1924 y 1927, ya habían procreado 10 hijos. El jefe de familia era mecánico automotriz, mientras que su esposa se dedicaba al hogar. La situación económica no era nada halagüeña.

El barrio El Coloso, de Culiacán, equivalente al de Tepito en el Distrito Federal, era testigo de los trabajos no sólo de Benjamín y Alicia, sino de todos los hermanos que mediante equipos de sonidos, organizaban tardeadas y fiestas callejeras en la localidad.

El sonido “Escorpión” se volvió famoso en el barrio por los “tocadas” que ofrecían.

Francisco Rafael era el mayor de los hermanos, le seguían Norma Isabel, Benjamín, Carlos Alberto, Eduardo, Alicia María, Enedina, Ramón, Luis Fernando y Francisco Javier, además de otros dos medios hermanos, Jesús y Manuel, a quienes adoptó como sus hijos Alicia Isabel.

Otras de sus actividades era el contrabando de pacas de ropa usada, en la frontera con los Estados Unidos, mismas que revendían en el citado barrio y en otros mercados ambulantes de las colonias de municipio sinaloense. Se trataba de una familia común y corriente, donde los jóvenes “sonideros” y “ayateros”, trabajaban al parejo de sus padres para ayudarlos y salir adelante.

Hasta ese entonces no había ningún indicio de que los hermanos Arellano Félix se vincularan al narcotráfico y menos aún que se convirtieran en los temibles “Aretes”, sobrenombre con el que también son conocidos los amos del Cártel de Tijuana.

El nombre que impuso Francisco Rafael  al equipo de sonido y que más tarde sería tomado como símbolo y emblema de la organización de los Arellano Félix, obedecía a que “La Pancha”, como era conocido, Eduardo y Francisco Javier, habían nacido bajo el signo escorpión.

CAÍDA DE LOS AVILÉS  Y UNCIÓN DE FÉLIX GALLARDO

Entre 1976 y 1978, los hermanos Avilés Pérez fueron borrados del territorio bajacaliforniano. Pablo y Carmelo fueron detenidos por las autoridades y enviados al penal de las Islas Marías a purgar sentencias de más de 15 años, en tanto que Pedro, apodado “El Gallo” fue asesinado en un ajuste de cuentas en agosto de 1978, en un retén de la Policía Judicial Federal (PJF) instalado en Navolato, Sinaloa.

Su victimario fue el agente federal Luis Huaracha López, bajo las órdenes del comandante federal Margarito Méndez Rico. Sus hermanos, al recobrar su libertad, se retiraron del negocio.

Como en todas las historias del narcotráfico, se habló de traiciones y corrió fuerte el rumor de que uno de sus discípulos preferidos: Miguel Ángel Félix Gallardo había sido quien delató a Pablo y Carmelo y después mandó asesinar a Pedro. Lo cierto es que precisamente “El Vampiro” fue quien asumió el puesto y se convirtió en el jefe del Cártel del Pacífico.

Para ello se rodeó de gente que, a la postre resultaría igual o más peligrosa que el mismo Félix Gallardo:

Amado Carrillo Fuentes, Héctor Luis “El Güero” Palma Salazar, Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, Ismael “El Mayo” Zambada García, Ernesto “Don Neto” Fonseca Carrillo, Rafael Caro Quintero, Manuel y Gabino Salcido Unzueta, alias “El Cochiloco” y “El Picochulo”; Juan José Esparragoza Moreno, (a) “El Azul” y otros, fueron los que, al paso del tiempo, ocuparían importantes lugares dentro de las organizaciones del narcotráfico.

En ese espacio, la familia Machi Ramírez aprovechó la ausencia de control y poder de los hermanos Avilés Pérez, se contactó con el nuevo capo Félix Gallardo y se adueñó del territorio, convirtiéndose dicho clan en el nuevo amo del narcotráfico en Tijuana. Como su segundo, actuaba el narco Oscar Cázares Rocha, al que apodaban “El Guapo”.

Por espacio de más de 10 años, Félix Gallardo, quien no guarda parentesco alguno con los Arellano Félix y por lo tanto es falso que sea su tío, reinó en esos lares, hasta que en 1989 se apagó su buena estrella y cayó en poder de la justicia.

Antes, Jesús Labra Avilés ya había conocido a Agustina Félix Zazueta, hermana de la madre de los Arellano, y se casó con ella, de tal suerte que él si pasó a ser tío político de los hermanos Arellano. (Continúa)

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