Travesía 208/ Acerca del autor, la inutilidad del uno y la fragilidad del cero

Serafín Vázquez

Puebla, Puebla, 13 de febrero (entresemana.mx).- Nació en la ciudad de México un día 4 de un mes de un año del siglo XX. Reside en Puebla desde 1971.Estudió la primaria y la secundaria en Iztapalapa de la Ciudad de México; aunque antes simplemente se le llamaba DF. Ahí lo sorprendió el movimiento estudiantil del 68, del que se hace simpatizante. Antes fue soldado de la XVI zona militar por espacio de dos años.

Simpatizante también del movimiento hippie, del rock, de la música de protesta y del idealista lema de “Amor y paz”. Decepcionado al ver como sus cantantes (Jim Morrison, Janis Joplin, Syd Barrett etc.) y el mismo movimiento hippie caen derrotados por las drogas, se corta el cabello, deja de fumar mariguana y decide entrar a trabajar a una fábrica.

Por televisión se enterará de los sucesos del Jueves de Corpus y los Halcones. Ya como obrero participará en el desfile del Primero de Mayo y será testigo cercano del asesinato de estudiantes poblanos en 1973. Estos sucesos y las actividades guerrilleras de principios de los 70s lo harán pensar que la única alternativa a los problemas económicos y sociales está en la revolución armada, alternativa que también ve derrumbarse al ser asesinado Lucio Cabañas en 1974. Sin embargo, participó en un frustrado asalto a un banco, en aquel entonces, como ahora, no nacionalizados. Llega a conocer la cárcel, no por sus ideas, sino por haber provocado en una madrugada un pleito en uno de los tantos cabarets de Apizaco, Tlaxcala.

Dice que el gusto por la lectura, tanto de periódicos, libros, novelas rusas, así como de revistas de desnudos femeninos se lo debe a un grupo de amigos obreros de los que “ha aprendido mucho”, incluso borracheras, pero sobre todo solidaridad.

Uno de los primeros suplementos culturales que conoció fue El Gallo Ilustrado del periódico El Día. Amante desde los doce años de Marilyn Monroe, pues desde pequeño su hermano lo llevaba a ver películas de las que ahora llaman de arte o cine de autor, llora cuando Ángel Fernández, locutor del programa Sábados con Vanart, pide un minuto de silencio por la muerte de la rubia americana.

Otros de sus “grandes amores imposibles” lo fueron la cantante Edith Piaf, la pintora Remedios Varo y la actriz Elsa Aguirre.

Conoce, aquí en Puebla, a la mujer con la cual vivirá seis años. Juntos deciden reiniciar sus estudios, y luego de tener una hija, se separarán en 1980, pues ella desea “luchar por la revolución nicaragüense”, revolución que regresaría el poder a la burguesía tras unas democráticas elecciones.

Expulsado de la escuela de Físico-Matemáticas, pues sus maestros siempre consideraron una burla el título de su supuesto proyecto de tesis: “La inutilidad del número uno y la fragilidad del cero”, decide nuevamente olvidarse de la universidad.

Cuando se le pregunta por sus escritores menciona a más de una docena: José Revueltas, José Agustín, José Joaquín Blanco, Emiliano Pérez Cruz, Gerardo de la Torre, Agustín Monsreal, Luis Zapata, Guillermo Samperio, Alberto Huerta. También Agustín Ramos y, por supuesto, Malcolm Lowry, Cesare Pavese, Juan García Ponce, Mario Benedetti y José Agustín Goytisolo.

En 1983 conocerá a S., quien le servirá de modelo para escribir, según él, sus tres mejores cuentos: Cristina, El blues del padre muerte y Cantina de la Media luna.

A finales de 1983 conoce a la que será madre de su segundo hijo, y con quienes vive actualmente.

Tiene en proyecto darle forma de novela a unas notas que ha venido escribiendo desde agosto de 1984. Es profundamente ególatra, reacio a platicar, pero después de hacerlo, no para de hablar.

Por último, me recomienda que escriba lo que él piensa de la literatura:

“La literatura es -me dice muy serio, haciendo un ademán con el dedo índice de su mano izquierda, lo más amorosamente fiel que existe en este mundo de infidelidad humana.”

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