Octavio “El Famoso” Gómez, se cansó de la fama

>> Boxeador de oficio y tepiteño de coraza

Mario Andrés Campa Landeros

Ciudad de México, 11 de marzo (entresemana.mx). Una historia:

“Mi madre peleaba con mi padre por la infidelidad de él y cuando nos abandonó, mi madre nos imprimió su sufrimiento”.

Otra…

“Fui boxeador de oficio y tepiteño de coraza. Nací el 30 de marzo de 1944. Me retiré del boxeo en 1978 sin que me dieran la oportunidad de pelear por un título mundial. Tuve 120 peleas a nivel amateur y 105 a nivel profesional. En 1961 fui campeón de los Guantes de Oro. En 1962 y 1963 resulté Campeón Nacional de box amateur en Peso Mosca y clasificado para la Olimpiada de Tokio, Japón, a la cual no asistí, porque ese mismo año debuté como profesional, en una pelea que gané por K.O. En 1974 me convierto en el Primer Peso Pluma del Mundo. En resumen es mi vida”.

-¿Mi nombre?

-Octavio “El Famoso” Gómez.

Y recuerda cuando ganó el Título Mundial de Peso Gallo.

“… Tremenda pelea. El campeón me había clavado un certero gancho al hígado. Me lastimó. Me dobló, caí a la lona tratando de respirar el oxígeneo que me faltaba. Con trabajos pude deshacerme del protector bucal, que rodó por la lona impregnado de sangre, igual que yo. Entonces pude respirar por la boca y la nariz al mismo tiempo. El intenso dolor en mi víscera hepática me tenía paralizado. El réferí contaba lentamente y hacía pequeñas pausas volteando a ver si el campeón se encontraba en el sitio reglamentario para seguir su fatídico conteo”.

Recuerda que el réferi estaba de su parte…

“Era peleador de la empresa que financió este combate y en este negocio se vale de todo. Pude ponerme de pie al noveno segundo. El réferi me dio más tiempo al limpiarme los guantes en su ropa, a la altura de su estómago. Lentamente recogió el protector y fue a la esquina, donde mi manager lo recibió de sus manos. Yo no podía caminar por el intenso dolor que persistía. El campeón estaba desesperado porque no podía terminarme mientras no tuviera yo el protector en la boca. Los tremendos esfuerzos que hacía para mantenerme en pie eran visibles. Mi mánager caminó con la parsimonia requerida hasta donde yo estaba. Desde abajo del ring me pidió que me flexionara hasta la segunda cuerda para ponerme el protector en la boca. Al agacharme, el dolor se intensificó, pero lo soporté sin hacer gesto alguno. El réferi vigilaba a mi contrario para que no me atacara antes de su orden”.

Todo esto fue en unos segundos. Continuó la acción.

“… El campeón se acercó decidido a destrozarme. Realmente lo hubiera conseguido, pero el sonido de la campana irrumpió en la dmósfera cargada de pasión. Los de la esquina contraria, bien encabronados, alegaban que faltaban 15 segundos para que acabara el round, cuando el campanero accionó el martillo. La gran condición física que logré para esta pelea, me hizo recuperarme casi por completo en los setenta y cinco segundos qye el campanero me dio de descanso. Salí al quinto round a vengar la afrenta. Me salió una derecha recta, perfectamente recta y a tiempo preciso. Al hacer contacto con la quijada del campeón, sentí un dolor en mi mano, él se derrumbó. Recé para que no se levantara antes de los diez segundos”.

El réferi había contado ocho segundos y los ayudantes y el médico ya estaban ahí atendiendo al campeón…

Octavio “El Famoso” Gómez era el nuevo monarca.

“… Nunca pensé que la felicidad desbordante y sostenida doliera. Me di un duchazo de agua fría en el vestidor de la arena. Descansé a solas acariciando mi mano derecha inflamada. Lloré como un niño. ¡Qué a toda madre! Defendí mi campeonato ocho veces en nueve años desde el día que lo gané. Desde la fractura de mi mano, después de la operación para curármela, pude defender mi título cuando había pasado 24 meses… A partir de ese momento tuve problemas con mi mano. Durante mi recuperación, las autoridades del comité mundial de boseo decidieron hacer una pelea de campeonato para sacar un campeón interino. Ganó un africano al que después vencí en el segundo round en Los Angeles, California. Luego defendí el campeonato en Alemania. Gané, pero me volví a lastimar”.

“EL ROÑAS” CAYÓ DEL CIELO

Octavio “El Famoso” Gómez cuenta que en día en una fiesta conoció a un simpático entrenador de boxeo llamado “El Roñas”. Había sido peleador y platicaba con mucha gracia anécdotas de su vida como “bofe”. Contaba historia de boxeadores, mánagers de empresarios y de todo lo que vivió en el mundo de los guantes.

“…Me dijo que me lastimaba porque no tiraba bien los golpes. Me dio pena contradecirle y acepté a ir a su gimnasio para que me revelara sus secretos. Me pidió que me pusiera en mi guardia habitual y dirigió con sus manos mi brazo derecho mostrándome los procesos del recorrido de la mano dirigida por el brazo para que el trayecto dibujara una línea recta. Me reveló la importancia del centro y la fuerza de gravedad en la ejecución del golpe… y otras cosas importantes que durante seis meses aprendí. Me preparé para mi segunda defensa. Practiqué con pasión mis nuevos recursos. Mi manager no percibió el cambio. Llegó el día de la pelea y ¡Tómala! Me salió un verdadero recto de derecha que acabó con mi contrario. ¿Y mi mano? ¡Como si nada”.

Pasado el tiempo, Octavio les reveló a su manager y a su representante lo de sus entrenamientos secretos con con “El Roñas”. No les cayó muy bien, pero lo aceptaron como “una evidencia milagrosa”. Les cometó además que en recompensa a esa labor, le entregaría a “El Roñas” un millón de pesos.

“… Mi representante que era un negociante ventajoso, me dijo que no le diera el dinero junto, por su bien. Que mejor le asignara unas mensualidades dignasw y siguiera yo trabajando con él en la misma forma que lo hicde. Las provechosas prácticas con “El Roñas” me dieron seis triunfos y conservé mi título. Mi manager lo odiaba, pero mi representante lo halagaba y lo cuidaba. “El Roñas” desde que tiene dinero se ha vuelto más borracho. Un día me dijo mi representante que si yo le hubiera dado el millón de pesos junto el pobre ya no estuviera vivo. Por eso “El Roñas” para mi cayó del cielo”.

TEPITO MI BARRIO

En Tepito la figura del boxeador está profundamente ligada a la identidad del barrio.

De ahí surgieron grandes ídolos que trascendían las coordenadas de una de las zonas más tradicionales de la capital.“Kid Azteca”, Raúl “Ratón” Macías, “Chucho” Hernández, Enrique García, José “Huitlacoche” Medel, Rodolfo Martínez, Lorenzo “Halimi” Gutiérrez y Octavio “Famoso” Gómez son algunos de los nombres que los tepiteños rezan evocando las viejas glorias que dieron origen al lema: “Tepito, semillero de campeones”.

Sin embargo, pese a las circunstancias difíciles de Tepito, el boxeo como deporte está vigente; no para debutar en las grandes arenas y hacer estrellas como las de antaño. Ahora, el peleador está en una etapa de “round” de sombra, agarrando condición, haciendo fintas, como cuando se baila o se alburea en la vida cotidiana del barrio.

Un barrio donde dicen que “se vende todo, menos la dignidad”.

Pero hoy el panorama es distinto: el boxeo está en decadencia y el sitio de los ídolos es ocupado por comerciantes de toda clase de mercancías, fayuqueros y pequeños traficantes de drogas. El propósito es no permitir que surja el carisma del vecindario ni del barrio semillero de campeones, en un afán de que los nuevos ídolos sean los chavos que traen el “fogón” (pistola), la moto de alto pedorraje, y se conviertan en los nuevos patrones a seguir. Ante este panorama, “El Famoso” Gómez dedica sus días a entrenar jóvenes, sin más aspiración que proporcionar diferentes opciones de vida…

OCTAVIO ES ESCRITOR

“El Famoso” Gómez nos muestra otra de sus múltiples habilidades: escribir… Y plasma su “Alburero patriota”:

-¡Ah, caracho! ¿Qué haces allá arriba, compadrito? Pareces mosca repegada a la pared. No se vaya a caer de cabeza.

-¡Agárreme la escalera! que´stoy poniendo mi bandera tricolor para dornar la fachada. Ahora que se acerca las fiestas patrias hay que estar a todo. Sí compadrito. Yo tengo la convicción de ser un tradicionalista muy profundo.

-Del hoyo había de salir. Vengo a cobrarle el abono del vestido de su vieja, del pantalón y la chaqueta.

-¡Hágame el favor de esperarme! Ya voy para abajo… Ayyyy.

-¡Cuidado, compadrito! Agárrese del martillo. Si da el azotón ya no me paga.

-Es que estas escaleras de plástico están muy resbalosas. Son mejores las de palo.

-Su motivo tendrán para hacerlas así. Bueno, ya está usted en tierra. Ya mero se caía compadrito. Mire, hasta se le fue el semblante. Está blanco, blanco.

-Jálame esta mano, compadrito. Me la tgorcí- ¿Eh, qué tal? ¿A poco no se ve bonita la bandera?

-Sí, se ve a todo dar. Hasta se siente uno mexicano hasta las nachas.

-¿Ya puso usted la suya?

-No, compadrito. Están re´caras las banderas. Yo prefiero comprarme dos kilos de frijoles.

-S´acorriente, compadre. Por mexicanos como usted, desenraizados y hojaldras, ya no se adorna la ciudad de México, como antaño. Antes sí había patriotas que hasta daban su sangre por la raza. Y usted, ¿qué?

-Yo ya la di por la raza. La doné a la Cruz Roja. Me sacaron litro y medio. Además usted sabe que yo sí quisiera poner mi banderota, pero la méndiga crisis me tiene en la chilla. La bandera que ponía se acabó. Y no puedo comprar otra. Sólo los ricardines como usted pueden darse el gusto de sentirse mexicanos con identidá. Bueno ya, éntrele con el abono, no se haga tontejo.

-Lo veo triste, compadrito. Fíjese que se me está ocurriendo cómo podría haber banderas el año que entra, adornando la Ciudad de los Palacios y los baches.

-¿Cómo?

-Pos fácil. Les voy a decir a los del Partido Institucional que como parte de campaña compren un chorro de mantas tricolores y las manden a las casas de los ciudadanos para que cada quien coloque la suya.

-¿Se refiere al PRI?

-Al PRO, compadrito, p´os puras promesas, compadre.

-No seas amargado, compadrito. Uste acá, la fe, pero téngala bien adentro, porque va a ver que todo se compone. Presiento que el dólar ya no va a seguir subiendo.

-Pos Dios quiera, porque el peso bajó tanto que ya el águila aprendió a caminar.

-Bueno, ya. Tenga lo del abono. Trabaje y la patria le dará un grande y largo porvenir…

(Literatura e imágenes de un barrio/Conaculta).

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