INFLEXIONES DESDE EL INSOMNIO/ De la mano

JOSÉ MARÍA ARELLANO MORA. Hay sucesos, cosas e incluso personas que irremediablemente interrelacionados, algunas por naturaleza o necesidad.

En la segunda mitad de los años sesentas, mi mamá nos llevó al Aurrera Buenavista. Siendo chamacos, nos asombraron las instalaciones, los anaqueles y productos. Era temporada prenavideña,  ¿qué creen? En el departamento de juguetería mostraban la novedad, una autopista de juguete, el jovenzuelo “Chabelo”. Remató nuestro sorpresa, ese era quien salía en la TV, en la serie “Mi conciencia y yo”, con Genaro Moreno en el canal 5.

Así mismo, conocimos el Sardinero en la colonia Santa María la Ribera; a veces, mi hermano mayor iba para hacerle al cerillo y ganarse unas monedas. Un día, nuestra madre lo descubrió y reprendió, “qué si aquello estaba bien”, “qué dirá tú padre”, “dirán que te obligamos hacerlo…”

Aunque nosotros frecuentábamos el mercado Martínez de la Torre, en la colonia Guerrero, ese supermercado fue una nueva experiencia.

Los mercados tienen su encanto, la cercanía con las personas, el marchante y con gente asidua al inmueble.

A mediados de los 70’s, circuló el libro “Para leer el pato Donald”, de Armand Mattelart y Ariel Dorfman. 1974. Resulta, esos supermercados, son una clara muestra de convertir a los usuarios en consumidores en potencia. Donde, el usuario, sale con productos que en su momento no necesita.

Entre la crítica de la sociedad norteamericana, vía los dibujos animados del mundo Disney. Los productos alimenticios, siempre están al fondo del establecimiento.

Ahora, Tlatelolco estará cercado por plazas comerciales; los mercados fijos y nómadas, panaderías, tiendas, se han puesto de nervios por la pérdida de ventas y subsecuentemente de clientela cautiva.

He aquí, donde “por naturaleza o necesidad”. De lo formal e informal, irán de la mano. Los consumidores, principalmente las llamadas amas de casa, buscarán el mejor precio. Y entre otras cosas, los mercados fijos y nómadas, han incluido locales –y en crecimiento- de comida corrida y antojitos; económicos y con sabor casero.

¿Dónde comerán los trabajadores de esas plazas?, buscarán sitios donde comer, con el sazón tradicional y accesible a su bolsillo, por ejemplo.

La economía, política y sociedad generan la discordancia. Oportunidades y regulación inexistentes, “de los males” que afectan, se hacen necesarios. Van de la mano, pues.

Esto pasa en el mundo, en la Ciudad de México y también en Tlatelolco.

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