PARA HECHOS/ Desafío insolente

LORENZO DELFÍN RUIZ. Conforme se acerca el desenlace del tortuoso periodo de campañas y el día de elegir Presidente de la República y la renovación del Congreso de la Unión, de gubernaturas, congresos locales y alcaldías, se hace más desafiante la conducta de partidos políticos, candidatos y dirigentes de toda calaña a las leyes existentes.

Con singular pasión, apenas comparable al grado de desesperación que lo agobia por la inmensa desventaja de su candidato a la Presidencia José Antonio Meade Kuribreña, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) dirige maniobras de lo más temerarias para colocarse en un nivel de aceptación que el electorado le ha negado desde que el actual mandatario, surgido del priísmo más ramplón, corrupto y sanguinario, literalmente desvalijó al país y colocó a sus habitantes (a la inmensa mayoría, es claro) en calidad de indigentes en su propia casa.

No debe extrañar una actuación priísta de tal magnitud porque así es su naturaleza; lo que llama la atención, y que hace pronosticar un fraude electoral ni siquiera comparable en descaro al cometido en 1988, es que todo lo hace en las barbas de las instituciones públicas encargadas de asegurar la limpieza de todo el proceso electoral.

Lo que antes se hacía hasta con un gustito por la cautela, ahora se realiza con pasmosa desvergüenza: sin grandes esfuerzos, el PRI es atrapado atendiendo interminables filas de electores que en pleno día y por hambre acuden al mismísimo Comité Ejecutivo Nacional a vender a 500 pesos su voto de manera anticipada. El silencio colectivo de INE, Fepade y Trife da una idea del vendaval que se avecina.

La falta de escrúpulos de que hace alarde el PRI, permite acreditarle el resto de travesuras habidas y por haber para sostenerse en el poder aún contra la voluntad popular.

Compartidos con sus fraternos de Acción Nacional y de la Revolución Democrática, se le acreditan ya al priísmo sospechas de otros siniestros y sangrientos pecados.

Gobernadores de manufactura y mañas priístas, comités estatales y municipales por igual, purifican las mejores formas para comprar para el día de la elección a los representantes de oposición en las casillas para hacer del conteo de votos y el embarazo de urnas una fiesta priísta.

La enfebrecida embestida del PRI contra el candidato panista Ricardo Anaya (del que sin pudor se colgaron el PRD y Movimiento Ciudadano) no tiene otra misión que orillar al PAN y a su cauda de maniobreros a pactar con el PRI la declinación de Anaya para, de este modo, procurarle a Meade Kuribreña el segundo lugar en las preferencias electorales y asegurarle los pocos votos que los panistas le quieran donar. De paso, el PRI aplica vengancitas por los ofensivos embates de Anaya contra el presidente Enrique Peña Nieto.

Podría considerarse que lo hace de manera tardía, pero la administración de Peña Nieto y su insultante partido se dan su tiempo para desarmar a la Auditoría Superior de la Federación (ASF), el ente que cuando funcionó con autonomía se encargó de exhibir todos los despilfarros y rapacerías del gobierno de la República en turno y sus secuaces.

La jugada la impulsó el PRI en el Congreso de la Unión, en marzo. Ahí se cocinó el nombramiento de David Colmenares Páramo como el auditor Superior de la Federación, a partir de lo cual comenzó la labor de desmantelamiento interno a fin de atajar el flujo de información que evidenciaba en toda su magnitud las trácalas gubernamentales en el uso y abuso del presupuesto público.

El oaxaqueño Colmenares Páramo debió de caerle como anillo al dedo a un gobierno federal urgido de liquidar a la ASF. Y en su nombramiento debió influir cómodamente otro oaxaqueño de pérfido linaje, José Murat Casab, célebre por hacer del estado de Oaxaca un circo cuando lo gobernó y por ser el autor de otra calamidad nacional llamada Pacto por México con el que Enrique Peña Nieto ha liquidado al país.

Para fortuna del PRI, al periodo de campaña se le atraviesa el Mundial de Futbol, evento que permitirá sorprender a la población anestesiada con nuevas chicanadas electorales, de esas que al INE le encanta aplaudir.

Al final, y de resultar vencido en las casillas el 1 de julio, al PRI le restará aplicar la madre de todas las marrullerías: anular la elección presidencial… utilizando como argumento la serie de irregularidades… que él mismo diseñó y aplicó.

DON GATO Y SU PANDILLA

Y como las maldades no viajan solas, junto a las del PRI la tríada PAN-PRD-MC le ha añadido en la Ciudad de México una espectacular dosis de perjuicio colectivo, con la liberación de las hordas delictivas que habitualmente usa el gobierno de la capital como negocio propio y para controlar a la población.

La lectura de esta estrategia perversa es que mediante el terror los electores deben “convencerse” de votar sí o sí por Alejandra Barrales para Jefa de Gobierno, máxime que la candidata de Morena, Claudia Sheimbaun, le lleva más de 20 puntos de ventaja en las preferencias electorales.

Por el mismo camino van los candidatos a las alcaldías. Pero el caso más sorprendente indudablemente lo constituye la delegación Gustavo A. Madero, donde diversas encuestas colocan al candidato del Partido Verde, Fernando Gómez, por encima de la “candidata imperial” Nora Arias, quien junto con Hugo Lobo literalmente ha hecho de esa demarcación un territorio gobernado por delincuentes.

Gómez se impone incluso a Francisco Chíguil, el candidato de Morena que, por sus antecedentes negros derivados del sangriento caso “News Divine”, rema con seria dificultades en la búsqueda por detentar la primera alcaldía maderense.

La apuesta, sin embargo, está centrada en saber si al final cualquier contendiente de Arias va a resistir la oleada de delincuentes que diariamente cometen tropelías en toda la delegación con la nula intervención de la policía, lo que hace ver que antes que perseguirlos los policías los protegen.

Y lo que es peor, son como ellos.

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