EL OTRO DATO/ El tobogán de Peña

JUAN CHÁVEZ. Es recurrente y suele presentársele al presidente en turno: la falla en el manejo de su comunicación con los medios de prensa escrita, televisión, radio y ahora en la red Internet.

Esto le aconteció a Enrique Peña Nieto que con el grietón que arrastró en los últimos tres años se llevó en las espuelas al PRI y a su candidato “no priista”, José Antonio Meade.

En marzo de 2015, ante las elecciones intermedias, Peña Nieto, a promoción de Luis Videgaray, se deshizo de David López, un experto en el manejo de los medios, y ahí empezó la historia negra del peñismo que habrá de entregar el poder a López Obrador, la noche del 30 de noviembre.

David fue “renunciado” porque Videgaray, entonces secretario de Hacienda, le integró el “expediente negro” necesario para deshacerse de un funcionario.

A David, uña y carne de Peña desde 2005 en que arribó a la gobernación  del Estado de México, se le descubrió de pronto que estaba ganando un dineral y que solo reportaba como pago de impuestos al SAT, 20% de esas excesivas ganancias.

El jefe del Ejecutivo optó por mandarlo al Poder Legislativo como candidato plurinominal por Sinaloa a la Cámara de Diputados y ahí pareció quedar todo.

Lo que vino después fue un acelerado decaimiento de la figura presidencial en los medios, que el nombrado vocero y coordinador de Comunicación Social de la Presidencia, Eduardo Sánchez  no supo sortear por su total desconocimiento del manejo de una prensa  que, de institucional, pasó a conformar la “guerrilla” que acabó con la aureola de un Peña hasta ese año –2015—todavía relucía con su aureola de “gran popularidad”.

El PRI, ese mismo año, perdió cinco de las 12  gubernaturas en disputa y también registró menos diputados federales y senadores.

Era el principio de lo que en este 2018 terminó de lacrar como desastre del PRI, López Obrador y su Movimiento de Reconstrucción Nacional (Morena).

Sin David  el presidente Peña empezó a tragarse las amarguras de un desgaste en los medios que trascendió a la opinión pública y se le clavó el sambenito del peor presidente que México ha tenido desde los años 30 del siglo pasado en que Lázaro Cárdenas consiguió consolidar el sistema de partidos y la consiguiente fuerza del entonces PNR.

Hoy, parece una lamentación ese destierro de David López. Vale subrayar, sin embargo, que la “renuncia” de David fue fabricada totalmente por Videgaray, el cerebro nocivo de Peña y al que aún en su agónica gestión, no cesa de aceptar los manejos que sobre él ejerce el jefe del grupo del ITAM que fracasó plenamente con el “candidato prestado”.

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