INFLEXIONES DESDE EL INSOMNIO/ “Para que te cuide…”

JOSÉ MARÍA ARELLANO MORA. Hacemos planes a futuro pero las circunstancias son adversas y muchos proyectos no se logran.
Algunos años atrás, una compañera de trabajo me comentó “cásate para cuando estés viejo tengas quien te cuide”.
El casarse, parece ser, es el de tener pareja que lo cuide a través de los años y, en la fase determinante de esa unión, la vejez.
De esas uniones no se sabe quién partirá primero. Entonces, por muchas razones o requisitos la femenina debe ser más joven. Requisitos que la mayoría pasa por alto: la salud de la persona así como los antecedentes en esa misma línea. Nos fijamos en el físico, aunque para la mayoría se elige por la complacencia de familia, y por el goce de solvencia económica…
¡Viva el amor!, total, el amor es ciego, al grado de pasar por alto muchas cosas.
Ahora, en el supuesto de que todo vaya bien, los años no pasan en balde. Todo se va acumulando, la edad avanza y se sobrevive hasta llegar a la edad adulta. El “hasta que la muerte los separe”. Gran dilema.
En una ocasión, cuando fui a un centro de salud, a revisión general, de pies a cabeza. Antes de pasar a examen, la doctora responsable puntualizó a todos los asistentes “Vivan los años que vivirán pero bien, años de calidad. No deseen o esperen vivir 90 o más años, si no están bien de salud, además para que vivir tantos años cuando no se puedan valer por sí mismos, les tienen que dar de comer, no pueden caminar, están la mayoría del tiempo acostados o sentados…” Vi muecas de incredulidad, sorpresa y gestos de a mí no me va pasar.
Existen adultos mayores, al jubilarse, consideran aplicable en todo, es decir también en la vida, en lo cotidiano. No hacen nada. Al verse con un gran excedente de tiempo, no saben o no buscan como usarlo. En común, cierta cantidad de los jubilados mueren atormentados por el aburrimiento o por sentirse inútiles. Hay quienes por necesidad trabajan donde les den oportunidad. Aunque, si es que vive su pareja, tranquilamente esperan la muerte, pues tienen quien los atienda. Pero la vida da vuelcos.
Hace tiempo, un excompañero de trabajo, me confesó “mi papá, estaba enfermo. Un día. Nos dijo ‘esto no es vida, no puedo leer, no salgo a pasear ni a caminar, no veo películas, nada…’ Estando hospitalizado, en una visita, de repente exclamó ‘¡salgan! Déjenme solo; mi jefita le reprochó ‘¡pero viejo!, estamos aquí para verte ¿por qué nos corres?’, ¡Cárajo!, quiero estar solo, quiero llorar”. El señor de 78 años, tenía cáncer e irremediablemente falleció.
Un señor educado a la vieja usanza, llevo a cabo “casarse –preferentemente con una mujer muy joven- para cuando estés viejo tengas quien te cuide”. Con su arrogancia del cásico macho, la traía cortita, y por cualquier situación la encelaba. No la dejo crecer. Ella, falleció de cáncer a la edad de 69 años; el señor 87 años de edad, en menos de un año, sin cuidadora, dejó este mundo. “Murió como nació, llorando”.
Hace unos días, redes sociales, difundió el fallecimiento de dos adultos mayores, en Tlatelolco “la pareja le dio un infarto, al no poder hacer nada y en desesperación, el esposo también se infartó, padecía diabetes severa”. Paradójico.
La muerte, no es privativa de los adultos mayores, es a cualquier edad, incluso gozando de buena salud. Llega a cualquier rincón del mundo, con y sin pareja.
Esto pasa en el mundo, en la Ciudad de México y también en Tlatelolco.
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