Travesía 212/ Un oficio de fracasados; Libelo pro y contra el periodismo/Rodolfo Serrano

Serafín Vázquez

Puebla, Puebla, 2 de abril (entresemana.mx). Rodolfo Serrano, quien durante 25 años trabajó para El País, dice que si de verdad la gente supiera como somos los periodistas, nadie nos haría caso.

Y tiene razón, existe corrupción, censura, intereses -económicos, políticos y personales-, favoritismo o veto a determinada información. A mayor compromiso del medio con políticos, gobernantes, empresarios, anunciantes, dependencias, mayor será el número de personajes intocables.

Sin embargo, reconoce que hay periodistas honestos, humanos, capaces de sentir el dolor ajeno y las injusticias. Y agradece que si algo no ha cambiado desde el nacimiento de los diarios es que se siga acudiendo a las redacciones para expresar una protesta, pedir justicia o intentar salvar a alguien.

Para empezar, escribe, miles de noticias nunca llegarán a manos de los lectores. La razón es simple: falta de espacio.

Como un dios, el editor, reportero o editor decidirá qué información merece ser contada.

 

Y ¿quién es objetivo cuando tiene en sus manos un poder como éste? ¿Qué noticia será seleccionada? ¿La que tenga mayor interés para el público o para el medio a través del cual haya de ser difundida? ¿Y cuál irá primero en una escala de valores? ¿La noticia que interese a su medio o la que le interese a él mismo?

 

Si la noticia no es silenciada, si ya pasó un primer filtro, corre otro riesgo, ser minimizada. No es lo mismo un titular a ocho columnas que a una.

La primera obligación de un diario es ser rentable económicamente, escribe Serrano, y otro filtro lo serán el poder y el dinero, quienes tamizarán las noticias, según Noam Chomsky, hasta dejarlas listas para su publicación.

Un peligro más para la libertad de informar serán las amenazas, veladas o no:

Recordemos lo que respondió el diputado panista Sergio Moreno Valle cuando un reportero le pidió su opinión sobre la liberación de un gasolinero acusado de delincuencia organizada, palabras que consigna el portal Periódico Central:

 

No tienes el derecho a decir que alguien es delincuente, yo que ustedes no le pondría calificativos a nadie.

 

Los diarios también intentan engañar al lector al presentarle información pagada, publicidad, como si se tratara de una noticia más.

Serrano resume en cinco, los filtros que tiene que enfrentar una noticia:

La riqueza del propietario, la publicidad, la dependencia informativa del medio respecto al gobierno o grandes empresas, las medidas que el poder utiliza para disciplinar a los medios, y su anticomunismo o antiizquierdismo.

Coincido con Serrano que al periodismo se llega por casualidad, aunque suene más heroico decir que se llega por vocación.

Estaba yo desempleado, cuando Juan Espinoza, compañero de la ahora Facultad de Filosofía y Letras-UAP, me llevó a Síntesis, donde fue decisiva la opinión de Adolfo Durán para ser aceptado en el Departamento de Corrección. Por eso Mark Twain decía: habiendo fracasado en todos los oficios, decidí hacerme periodista.

¿Noticias falsas en los medios?, sí, desgraciadamente, reconoce Rodolfo Serrano, la única condición es que sean verosímiles, creíbles.

Un ejemplo escandaloso en México fue el caso de Marie Louise Cassez Crépin -Florence Cassez-, de quien quedó duda de su culpabilidad en un secuestro porque Televisa simuló su captura, transmitiendo los hechos como una noticia en vivo.

En resumen, aunque Un oficio de fracasados no es un libro de memorias ni de teoría y práctica de periodismo ni una antología de definiciones sobre la profesión, puede ser un poco de todo eso.

Y como escribe en el prólogo el ahora controvertido exdirector de El País, Juan Luis Cebrián: es sobre todo un alegato en contra del mal periodismo.

Para finalizar, Serrano coincide con Fernando Benítez, quien decía que los propietarios de los medios no son periodistas y por eso no se dan cuenta que contar la verdad es un buen negocio.

Durante la presentación del texto el pasado 19 de octubre,  Serrano reconocía que la época de oro de El País fue cuando se publicaba la verdad. No han comprendido, ni comprenderán, que la mentira no es negocio, concluía.

 

Un oficio de fracasados (fragmentos)

¿Ser objetivo, ser honesto o ser periodista?

 

Si la gente supiera, de verdad, cómo somos, nadie nos haría caso. La gente tiene un concepto sublimado de los periodistas. Y nosotros mismos estamos convencidos de que somos la conciencia de la sociedad. Los guardianes de la libertad, los defensores de la verdad. Pero no es exactamente así.

Junto a periodistas honestos, hay periodistas venales o que escriben al dictado. Junto a periodistas incorruptibles, hay otros que no devuelven nunca la hipoteca firmada con un determinado banco. Junto a periodistas que comprueban sus noticias, hay otros que las inventan, que recogen rumores y calumnias. Y todo está revuelto, mezclado, confundido.

 

Rapidez o reflexión

 

Los periódicos se están convirtiendo, a pasos agigantados, en otra cosa. Los periódicos ofrecen elementos de reflexión de los que otros medios como la radio o la televisión,  se ven privados. Pero la reflexión lleva, indudablemente, a la pérdida de la objetividad, ya que por sí misma requiere de una fuerte subjetividad…

 

La verdad de Agamenón y el mando a distancia

 

Se diga lo que se diga, existe la verdad de Agamenón y la de su porquero. Y no son tan iguales. Los medios de comunicación nos dan cada día buenos ejemplos de cómo la verdad tiene muy distintas caras…

No hay verdad absoluta porque no hay medios absolutos, directores absolutos ni redactores absolutos…

La ética, la moral –al menos en la profesión periodística es laxa y amplia.

 

Protagonista, ni en las películas

Hay un viejo dicho que no es tan cierto. En periodismo siempre se ha pregonado que “perro no come  perro”. Era una manera de advertir de los peligros del corporativismo en este oficio. Una manera de decir que un periodista nunca se metería con otro. Pero ya no es verdad…

Los periodistas se meten con los periodistas, se insultan entre ellos y ponen en cuestión la información ajena con alegría y sin pudor alguno. Lo malo es que nada tiene que ver con un noble afán de autocrítica. Lo malo es que todo tiene que ver con un afán de notoriedad y de acaparar audiencias…

Ahora las peleas entre periodistas o entre medios adquieren otras dimensiones. Se dirimen enlas ondas o en las televisiones y responden a intereses económicos o políticos, fundamentalmente…

 

Yo, periodista

 

He aprendido siempre de mis jefes. Y ellos me decían:

-Malo es cuando un periodista es noticia.

Lo normal ahora es que lo sea. El periodista tiene ahora el glamour de un artista de cine. Y compite con el político y  hasta con el asesino en serie en acaparar portadas. Hay un cierto impudor en esa manía de hablar de uno mismo, de presentarse como víctima o héroe en las mismas páginas de las que, en definitiva, es propietario.

Así, cualquiera. Hay directores que deciden cuánto espacio se le da a una presentación de su último libro, copan tertulias, opinan en todos los foros, en las teles y las radios, como si no tuvieran bastante con hacer todos los días un periódico en el que ponen lo que quieren, como quieren y en la cantidad que quieren. ¿Interesa a la opinión pública la pelea mercantil entre dos medios de comunicación o dos periodistas de postín?…

Conseguir unas páginas en la Biblia

En estos treinta años de periodismo he estado a uno y otro lado de la trinchera. Y he vivido la diferencia de estar en activo escribiendo y ser portavoz o suministrador de información desde una jefatura de prensa. Son trabajos muy distintos…

Advertiré que lo que voy a contar no es mío…

Cuentan que cuando Moisés huía de Egipto, perseguido por el ejército del faraón, y con todo el pueblo judío detrás, llegó hasta las orillas del mar Rojo. Es una historia sabida.

Pero el caso es que Moisés -y eso no está en la historia- se encontró con aquella inmensidad de mar y no supo qué hacer…  y el ejército del faraón acercándose a buen paso.

Moisés hizo entonces lo que todo buen dirigente hace cuando se encuentra en una situación difícil: llamó a su jefe de prensa…

-Bueno. ¿Qué hacemos?…

El jefe de prensa rápidamente le aconsejó:

-Da un golpe con la vara en el suelo. El mar se abrirá y pasaremos todos al otro lado. Cuando hayamos llegado, vuelves a golpear el suelo con el bastón y el mar se cerrará y arrastrará al faraón y a su ejército.

Moisés, que no las tenía todas consigo, preguntó:

–Pero ¿tú crees que esto dará resultado?

El jefe de prensa contestó con mucha seguridad, como suele ser habitual en los jefes de prensa:

-Mira, Moisés. Yo no sé si dará resultado. No sé si se abrirá el mar. No sé si llegaremos al otro lado. No sé, siquiera, si ahogaremos al ejército del faraón. Pero te puedo asegurar que vamos a ganar cuatro páginas magníficas en la Biblia. Y al final, qué quieres, eso es lo que importa…

Puede sacarse de esta historia la conclusión de que al jefe de prensa se le exige que sepa de todo…

No importa lo que suceda. Importa lo que quede escrito. Es decir, lo que recojan los medios de comunicación…

En mi trabajo al otro lado del mostrador he procurado siempre compatibilizar el legítimo afán de mis jefes de dar una buena imagen de su trabajo con la necesidad de dar a los profesionales de los medios una información honesta y veraz. Creo que ambas cosas no son incompatibles. Creo más bien que una buena labor ha de fundamentarse en estos dos principios.

Pero esto es la teoría. A la hora de la verdad, hay muchos jefes de prensa que entienden que la única fidelidad que deben es a quien les paga. Y no es mal principio. Lo que ocurre es que la lealtad no debe confundirse con un mal uso de las herramientas de las que dispone. Es fácil caer en la tentación de considerar que su responsabilidad… es servir de muralla para impedir la labor de los demás periodistas. ..

A las barricadas

El trabajo del jefe de prensa se desarrolla en varios frentes. Se me ocurren tres al menos: los medios, la institución a la que sirve y los ciudadanos. No es un trabajo fácil. Y no lo es porque, mientras en otras profesiones el reconocimiento dela profesionalidad nunca se cuestiona, en prensa sí se hace…

El tercer frente al que me he referido antes es el de los lectores, los ciudadanos. La verdad es que puede resultar un tanto pedante decir que estamos desarrollando una actividad a su servicio. Pero es que es verdad. De la capacidad y del trabajo del jefe de prensa dependerá que llegue o no a la opinión pública la labor que desarrolla una institución, una corporación.

 

Otras frases y citas

Lo malo de los periodistas es que cada uno tiene su historia escrita y publicada. Y no hay manera de engañar a las hemerotecas.

En las facultades de Periodismo se enseña deontología profesional. Eso está muy bien. Lo que pasa es que la deontología no es algo que se pueda ni enseñar ni aprender.

¿Qué es ser periodista? Un adagio británico resume semejante destino en el salir a la calle, ver lo que pasa y contarlo a los demás. O sea que periodista es cualquier ciudadano…y no se necesitan títulos…

El problema es que cada vez se sale menos a la calle, se ve poco lo que pasa y se cuenta muy mal.

No digáis a mi madre que soy periodista, la pobre cree que soy pianista en un prostíbulo.

 

Un oficio de fracasados

Libelo pro y contra el periodismo

Rodolfo Serrano

Editorial Luna Media Comunicación

México, 2017

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