EL OTRO DATO/ Elecciones marcan muerte de Panal y Pes

JUAN CHÁVEZ. Por no alcanzar el 3% en ninguna de las tres elecciones federales   –Presidencia, diputados y senadores—los partidos Nueva Alianza y Encuentro Social salen de los horizontes partidistas.

Se van sin escuchar las golondrinas, porque el INE de Lorenzo Córdova, en tanto se concluye de definir su situación jurídica, ya ordenó la intervención de esos institutos políticos que formaban parte de la “chiquillada” en el Congreso de la Unión.

Los interventores aseguraran cuentas bancarias y bienes muebles en las sedes del Pes y Panal y, desde luego, dejarán de recibir las sagradas prerrogativas que el Instituto Nacional Electoral regala a los institutos políticos, de acuerdo a los triunfos obtenidos en las elecciones federales del 1 de julio.

Pero, sin que le cayera la guillotina, el PRI se verá en serios problemas económicos, pues con los escaños que obtuvo, no podrá cubrir los gastos de mantenimientos de los edificios que integran su ahora amargo domicilio social.

El tricolor, otrora el indiscutible y poderoso partido, apenas si tendrá 45 diputados (7 electos y 38 de representación proporcional y en la Cámara alta 7 senadores y 6 de representación proporcional, para un total de 13.

El partido millonario será Morena por haber ganado, además de la Presidencia, 185 curules en San Lázaro y 53 escaños en el Senado.

Ello le representarán cerca de dos mil millones de pesos en prerrogativas a partir del 1 de septiembre próximo y 2019.

El Pes, apenas debutante en las elecciones pasadas, perderá el registro, a pesar de haber metido a la Cámara de Diputados  56 representantes electos de mayoría. Con tal cifra será la tercera fuerza política en el Palacio Legislativo, detrás de Morena y el PT, que va a tener 61 diputados.

O sea: el Movimiento de Renovación Nacional va a dominar con Morena y aliados, el espectro legislativo con 302 diputados y 67 senadores.

Es decir, Morena, con sus aliados, tendrá mayoría absoluta pero no la mayoría calificada que requiere para las reformas que López Obrador se apresta emprender, entre ellas, las que eliminen las llamadas reformas estructurales: la fiscal, energética y educativa.

Habrá de negociar, lo más seguro es que con los legisladores del PRI, esa mayoría calificada. La cuestión estriba en el hecho de que si el tricolor le atora a las reformas constitucionales del lopizmo, estaría traicionando lo que a raíz del Pacto por México, le aprobó al presidente Peña Nieto en 2013.

De otro lado, todo indica que antes de septiembre –hasta el seis de este mes  se extiende el plazo para que López Obrador sea declarado Presidente Electo–, el Tribunal Electoral del Poder Judicial Federal, que es el último paso en las elecciones, lo haga esta semana o la siguiente, a más tardar.

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