PARA HECHOS/ La Condusef, fábrica de “moches”

LORENZO DELFÍN RUIZ. Conocidos como son de estafadores los prestadores privados de servicios en este país, no es de extrañar que en las esferas públicas (en el gobierno, pues) existan ladrones de su misma calaña, porque uno no existe sin la complicidad del otro.

Hay otra razón de peso: en los últimos 40 años, y con el pretexto de “apoyar” a consumidores y contribuyentes, los gobiernos en turno han creado al vapor y con frenesí instituciones de “defensa” a la ciudadanía ante casos probados de estafas, incumplimientos de contratos, explotación, engaños o abusos. Sólo que al final se convierten en igual de extorsionadoras o tapaderas de los ladrones. Una forma estilizada de institucionalizar el “moche”.

Su actividad es semejante a la de las agencias del Ministerio Público, donde sus agentes utilizan las denuncias de las víctimas exclusivamente para extorsionar a los victimarios.

Bajo este esquema sinvergüenza, y con el distintivo de que todas consumen presupuesto por carretadas y le sirven al ciudadano para poca cosa, es que han brotado en el país comisiones y procuradurías de hipotética defensa del consumidor, del trabajo, del contribuyente, de la mujer, del menor y la familia, de defensa al ambiente… y la Condusef.

Para ilustrar el caso: la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), “conducida” en este sexenio por Mario Di Constanzo Armenta, una suerte de político de fácil acomodamiento en el ambiente partidista y llevado y traído como experto financiero para artimañas de toda especie, se ufana de haber “rescatado” cerca de mil millones de pesos en un año a favor de los usuarios.

Sólo que omitió revelar cuántos han sido los miles de millones de pesos que bancos y empresas aseguradoras, principalmente, le han sustraído con trampas e impunemente a sus clientes bajo la protección, indudablemente bien pagada, de la Condusef.

Es el caso del siniestro asignado con el número 417401200002655 y ocurrido a un usuario de la Aseguradora MAPFRE en diciembre de 2017, y sobre el cual la Condusef reiteró su indisposición a actuar con los elementos aportados para que la empresa reembolsara los gastos médicos originados por el robo con violencia de que fue víctima el usuario.

A pesar de todos los elementos comprobatorios que durante seis meses fueron aportados para ilustrar la conducta grosera, irresponsable y evasiva de MAPFRE, la Condusef al final se mostró complaciente con la aseguradora.

Remató su conducta permisible y encubridora al negar sin mayor argumentación el dictamen técnico del caso, sólo bajo el supuesto de  que la Condusef “no está en posibilidad” de emitirlo. Al menos así lo presumieron Elizabeth Gómez Espinosa, Laura Emilia Rodríguez Hernández y Octavio Guillermo de Jesús Sánchez Flores, los funcionarios de “Dictaminación” de la Condusef, cuyos títulos ostentosos de “licenciadas” y “maestro” resultan doblemente ofensivos para la víctima.

Es razonable suponer que la Condusef no puede quedar rezagada de la categoría de rufián que se ha colgado la actual administración federal. En la superficie, se muestra como una entidad para resolver dudas reclamaciones y quejas. Pero ya en serio, con Di Constanzo a la cabeza se ostenta más que “defensora” de usuarios de servicios financieros, como lo que es evidente: defensora a sueldo de forajidos…

MATAMORFOSIS QUE MATA

Las primeras críticas que Andrés Manuel López Obrador atrajo a partir de que conquistó la Presidencia de la República con los ya históricos más de 30 millones de votos, no surgieron en realidad de las filas de la oposición que se suponía sería carnicera pero que está resultando más suavecita que un bombón.

La censura proviene de su misma militancia y los seguidores que a ciegas han creído en su proyecto político… hasta que lo empezaron a conocer a fondo.

Era de esperarse en AMLO la aterradora metamorfosis del político nacional promedio, pero hace temer que se prolongará y renovará durante el próximo sexenio.

“Y qué bueno que empezó a suceder pronto, para corregirlo rápido”, opinan con mucha esperanza y desbordante ingenuidad los “lopezobradoristas” más recalcitrantes en redes sociales y sitios cibernéticos de opinión.

Las preocupantes señales de que la idílica relación comienza a deteriorase, las han dado el propio López Obrador y parte de su equipo.

En síntesis, empieza a sacar chispas que las peje-promesas de campaña para modificar el cuestionado nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, tiende a quedar tal como fue concebido por el presidente Enrique Peña Nieto y la camada de empresarios y burócratas embaucadores que lo rodean, en unos casos, y le ordenan, en otros.

Los gasolinazos, en esencia, no dejarán de ser gasolinazos. Sólo les agrega al precio el término “indexación”, que no es nada nuevo, sino aumentarlo conforme al incremento inflacionario. Otro ardid que exhibe AMLO y que no termina de gustar: el precio de la gasolina no bajará en tres años… lapso en el cual esperan que la amnesia haga su trabajo.

El nuevo avión presidencial posiblemente no sea vendido; su guardia personal aún no tiene definición clara; la sugerencia de que Manuel Mondragón y Kalb (con antecedentes claros de represor a grado enfermizo) sería uno de sus asesores en seguridad, alertó a medio México… y la otra mitad le recriminó su creencia de que el pueblo no tiene memoria. Igual reacción tuvo la “propuesta” de que Germán Martínez Cázares, panista prófugo, ocupará la dirección del Instituto Mexicano del Seguro Social…

Y luego, que Marcelo Ebrard (con negras referencias en su andar por la policía y el gobierno capitalinos) será su flamante canciller en lugar de Héctor Vasconcelos, despertó irritación en grado mayor, porque la noticia fue filtrada por… la cantante Belinda.

¡Háganos el favor!, exclamaron sus huestes sobre la involuntaria vocera, mientras el priismo (o lo poco que queda formalmente del PRI) respiró tranquilo porque “todo seguirá igual” en referencia a las ocurrencias y frivolidades que le encajó el PRI al país en los últimos años.

En forma anticipada y temeraria, abundan quienes sostienen que de mantener el paso que lleva sin siquiera ser Presidente de la República, la intención de López Obrador de ser como Benito Juárez la culminará cuando mucho al nivel de Carlos Salinas.

www.entresemana.mx

 

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