POSTIGO/ La furia de la memoria

JOSÉ GARCÍA SÁNCHEZ. Los días que faltan para que el nuevo gobierno entre en funciones servirán para que se reconozcan en un espacio determinado el gobernador y el representante federal en esa entidad. Medirán fuerzas desde la primera mirada.

Uno con un fuero en pleno debate legislativo, el otro sin fuero, pero con más presupuesto que el propio gobernador.

Ambos, representante federal y gobernador, tienen como antecedente inmediato haber sido electos por la población. Unos como legisladores y otro como gobernador. La administración estatal no puede expulsar al enviado del ejecutivo federal, y el representante no puede coartar las atribuciones del gobernador, a menos que éste caiga en excesos. Los excesos se miden por sus consecuencias, y, en la mayoría de los casos, cuando ya ocurrieron.

Cuando sean del mismo partido representante y gobernador, se complementarán, pero en los casos en que no es así, podrían convertir la entidad en un campo de batalla. Incluso violentar el pacto federal uno u otro. Ambos.

En estos casos los dos personajes tienen unos meses para conocerse, complementarse y armonizar.

Ante esta panorámica muchos mexicanos estarán atentos del acontecer de esta relación en el Estado de México, donde llegó a gobernar el año pasado, con muchas dudas sobre su legitimidad, el primo del actual presidente de la República, cargando muchas acusaciones de fraude y acostumbrado a actuar con tanta libertad que podría rayar en el libertinaje administrativo.

A esa entidad llega la candidata aparentemente perdedora de Morena, Delfina Gómez, quien no quiso pelear la gubernatura más allá de algunas denuncias para no parecer parte de un partido político violento en momentos en los que Morena necesitaba sacudirse esa categoría impuesta por algunos medios, que insisten, hasta la fecha, en que la violencia está asociada con la izquierda, cuando sólo se trató de una reacción tardía ante una acción permanente.

Ahí, en el Estado de México, donde ahora se votó sin miedo y con menor coacción que el año pasado, pueden chocar los tiempos, la historia se vuelve tensión. La administración púbica una pesadilla para ambas partes. Uno se autodenomina vencedor en las urnas del año pasado, la otra se dice entrampada en un fraude que le arrebató la gubernatura. Ambos deberán trabajar juntos, el pueblo espera cambios. No pueden borrar sus posturas ni olvidar sus rivalidades. No lo harán, no es humano.

Alfredo del Mazo y Delfina Gómez tienen sólo 22 mil 499.95 kilómetros para convivir. Es poco espacio para la cantidad de historia acumulada. Es sólo un rincón del país donde se pondrá a prueba mucho de lo planteado. Donde mucho de lo esperado se arriesgará y un lugar donde la moneda estará en el aire todos los días. Las apuestas son fuertes, los pronósticos un albur.

Frente a ellos, una población sumida, en su gran mayoría, en la miseria. Ante ellos un cúmulo de problemas por solucionar. Un reto a vencer, una vocación por desarrollar hasta perder la piel.

El Estado de México, cuna de muchos presidentes que no debieron llegar, bastión de la impunidad, donde se añejó el autoritarismo y se violentó la dignidad, ahora tiene un problema más que los protagonistas del poder en la entidad pueden convertir en solución, en virtud, en victoria compartida.

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