Travesía 235/ De cuerpo entero/ Paco Ignacio Taibo II

Serafín Vázquez

Puebla, Puebla, 11 de octubre (entresemana.mx). Cuando a principios de los noventa, la UNAM y Editorial Corunda convocaron a varios escritores a redactar una breve autobiografía para la serie De cuerpo entero, Paco Ignacio Taibo II respondió con una bitácora de sus viajes, narrando una etapa precisa de su vida.

De septiembre a noviembre del 92, dice, tomé 18 aviones, 13 trenes, cuatro autobuses… el Distrito Federal sólo fue una estación de paso entre Florida, Sonora, Michoacán yAlemania.

Utilizando la segunda persona, comparte que estuvo en una manifestación campesina en Morelia contra un fraude electoral en las elecciones a la gubernatura.

Después de todo eras de ellos… si yo también voté por Cuauhtémoc en el 88, si además fui organizador sindical… no soy ojete, ni cobro en dependencias del gobierno; soy incluso periodista…

Nos relata la preocupación que tiene porque su amigo Rogelio Vizcaíno:

últimamente lo habías visto perdido en los desiertos del enemigo… que mierda estaba haciendo en Solidaridad, ese aborto priista… que ofrecía a los pobres dinero estatal disfrazado de limosna y con intenciones electorales.

no se daba cuenta que metía en una carretera… que sólo podía conducir a la corrupción y al poder?

O era una víctima más del desgaste… del “si la revolución es imposible, todo se vale”

¿Y con qué derecho te metías en la vida de nadie?… tanta puñetera pureza…

 

Pero Taibo II también nos hace partícipes delos problemas del oficio de escritor y del origen de su vocación: su padre, quien a las cuatro de la madrugada regresaba del periódico, y a esa hora se ponía a escribir su novela en la quietud de la casa. Colocando periódicos y toallas para amortiguar el ruido de los teclazos fieros del jefe a la Remington.

Ah, y los dolores de espalda por el aire acondicionado… y la ciática, el cólico del riñón, y la columna, todo por las millares de horas sentado frente a la máquina de escribir o computadora, y que el IMSS no reconocía como enfermedad profesional, lo que le daba otra imagen al personaje de su película personal: de Todos los hombres del presidente pasaba a verse como El jorobado de nuestra señora de París.

La realidad defeña es sabia, dice PITII, te permite vivir las historias y luego contarlas.

Sonó el teléfono. Lo miraste con odio reconcentrado. No querías en ese momento más que cama y abundantes cocacolas con limón… Avanzaste estornudando hasta el maligno aparato…

Unos cuates de una fábrica de planchas que habían sido despedidos en masa, querían que escribieras un reportaje sobre ellos, que fueras a la huelga… En medio de los estornudos les dijiste que sí, que en chinga, que ibas para allá.

Así, en medio de títulos como En Sarasota, Florida, perseguido por un catarro hijo del aire acondicionado, nos narra su presente en el último tercio de 1992.

A quienes les gusta escribir, quizá les interese conocer el germen de una novela que en ese entoncesno quería saliry a la que más tarde publicaría con el título de La bicicleta de Leonardo.

Paco Ignacio Taibo II no es desconocido para los lectores de Travesía, en 2015 se reseñó Irapuato, mi amor. Y es asiduo visitante de Puebla, crítico del exgobernador Moreno Valle,  recientemente lo recibió la BUAP para hablar del movimiento estudiantil de 1968.

 

De cuerpo entero (fragmentos)

Pero lo que quedó, lo salvado, comenzaba a parecerse a una novela… Pero estabas, como siempre, empezando por el final. Y cuando quieres hablar de las tripas de una novela, de cómo se arma desde el tiempo en la cabeza una novela, se supone que hay que empezar por el principio.

Las historias de esta historia venían de lejos. Quizá la primera había sido aquella narrada por un fotógrafo inglés en el 91, que azorado te contaba lo que le había sucedido a unos amigos suyos en Lima:

Dos jóvenes británicos andan de farra por bares de mala muerte dejando avanzar la noche, y en uno de ellos se les juntan un par de peruanos que empiezan a guiarlos por el descenso a los infiernos. Al salir del sexto o el séptimo, la emprenden a patadas con uno de los ingleses y arrojan al segundo a una camioneta que los estaba esperando.

Tres días más tarde lo despiertan al amanecer y lo hacen bajar corriendo a la recepción.

En la calle, tirado en el suelo frente al hotel, se encuentra su cuate. Una ambulancia está llegando. Trata de enterarse de algo. El doctor le explica que el problema no es la operación, sino el shock postoperatorio, sobre el piso frío, en la noche en condiciones delicadas…

El inglés no entiende nada. ¿De qué operación están hablando? ¿De qué shock? El médico se da cuenta. ¿No lo sabía? A su amigo le extirparon un riñón hace un par de días.

La historia de los horrores se te quedó en el clóset de los hallazgos, pero no te sirvió para gran cosa, porque eres incapaz de contar ciudades por las que no has caminado. Y así permaneció hasta que decidiste robársela a Lima para pasársela a Ciudad Juárez. Ciudad Juárez es una ciudad que te gusta para la literatura, hay algo de efímero, de ciudad de paso, de ciudad de límite, que te atrae.

Aún así, no estaba nada claro, si no fuera porque tenías en otro clóset, una historia de amor platónica entre un novelista policiaco de 53 años y una basketbolista colegial gringa.

La bicicleta de Da Vinci hizo lo demás. La habías visto por primera vez en el Museo de la Ciencia y la Técnica de Milán, y años más tarde conseguiste copias, textos, fotocopias…

Tu amigo Andreu Martín dice que no entiende cómo puedes escribir novelas policiacas como lo haces, Tú respondes muy seriecito que no entiendes cómo puede escribirlas él a su manera: preparando un esquema completo y luego desarrollándolo. Si supieras a dónde va la novela, cuál es la historia, la anécdota completa, cómo es el final, no la escribirías.

¿Para qué? ¿Qué sentido tiene escribir una novela que ya se conoce? Escribir es para ti lo más próximo posible al acto de leer. Ir aceptando, ir armando, ir describiendo, ir construyendo. Sólo puedes escribir una novela, aquella que no está escrita ni siquiera en tu cabeza, aquella cuyo final no conoces.

Así, como ésta. Y entonces, poco a poco ibas teniendo entre las manos una novela. Necesitabas un título, aunque fuera provisional, aunque luego se fuera a la basura, y Leonardo da Vinci te dio una frase…

 

De cuerpo entero

Paco Ignacio Taibo II

UNAM/Ediciones Corunda

México, 1992

 

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Paco Ignacio Taibo II al Fondo de Cultura Económica

Serafín Vázquez

Una escritora era mencionada para dirigir la editorial del gobierno mexicano: Margo Glantz.

Finalmente, no será ella, sino Paco Ignacio Taibo Mahojo, otro escritor mexicano, sin embargo, se ha desatado la polémica.

Inicialmente, yo también dije: pues estaba mejor el nombramiento de Glantz, pero ¿por qué no darle el beneficio de la duda?

Los dos son escritores, cuentan con una sólida formación cultural, y cuando alguien llega a un cargo público no está solo, tiene ya una estructura administrativa que ha venido desarrollando el trabajo. Y el trabajo cultural del FCE hasta la fecha es bastante satisfactorio.

En el Fondo de Cultura Económica existe una política editorial dirigida a la formación de lectores: niños y adolescentes, principalmente.

Además, de su labor editorial dedicada a todas las artes y áreas del conocimiento humano.

¿Psicología, economía, filosofía, literatura, historia, arte…?, sin duda lo encontrará en el Fondo de Cultura Económica.

Y si busca algo que regalar, puede leer las sugerencias en La Gaceta del Fondo, en circulación desde 1954, cuyo último número está dedicado al movimiento estudiantil de 1968.

No obstante, en 2014, con motivo del 80 aniversario del FCE, Leo Zuckermann pedía que el gobierno quitara el subsidio que destina a los libros del Fondo de Cultura Económica.

¿Su argumento?

Nadie los lee:

¿Debe el Estado subsidiar la edición, producción, distribución y venta de libros que sólo lee una pequeña minoría que pertenece sobre todo a la clase media?

 

El reto no será fácil para Taibo, pero lo ha aceptado.

¿Con qué cuenta?, bueno, con experiencia en la promoción de la lectura. Claro que no será igual que con su Brigada para leer en libertad.

Con su preparación y honestidad. Su deseo de mejorar las cosas y reconocer que no sabe nada del trabajo administrativo y editorial del FCE, pero que se pondrá a estudiar.

Él ha sido muy crítico de la corrupción de la burocracia estatal, pronto él formará parte de un gobierno que se propone combatirla.

Démosle el beneficio de la duda, y no nos asustemos si de repente empiezan a aparecer libros dirigidos a los trabajadores.

Ya durante los gobiernos de Luis Echeverría o López Portillo, hubo publicaciones destinadas a  obreros y campesinos. Me acuerdo de El Overol azul, de Tommaso di Ciaula.

Queríamos un cambio, votamos por un cambio, démosle la bienvenida, pero eso no significa ser incondicionales de partido o de gobierno alguno.

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