LEYENDAS DE PUEBLA/ La costurera

Emma López Juárez

Puebla de los Ángeles, 4 de noviembre (entresemana.mx). Esta historia comenzó hace décadas, los vientos de octubre soplaban con fuerza aquella mañana en el barrio de Jesús de  Cholula. Doña Gloria terminaba de coser un ajuar de novia que le había encargado una de las familias adineradas de la ciudad, lanzando un suspiro de alivio, la costurera dijo: “mmmm…., gracias a Dios que terminé este vestido”.

A las tres de la tarde llegó la señora Marisela de Iturbide a casa de la costurera, después de ver el traje quedó fascinada: -qué manos las suyas doña Gloria, qué don el que le ha dado Dios. Tome, aquí está el pago y además esto de propina por tan extraordinario trabajo-.

La señora adinerada abandonó la casita de madera comentando con dos hombres que la acompañaban el buen trabajo con el vestido de su hija.

-¡Brenda va a lucir como una reina!- “No como una novia, sino como una reina, Gaspar”.

Uno de sus acompañantes dijo:

-A esa señora le llueve el trabajo, debe ganar mucho dinero-. Doña Marisela, con una sonrisa, expresó:-así es, con sus manos maravillosas a estas alturas debe guardar bastante dinero-.

Se estaba celebrando la boda cuando Gaspar comentaba en la cocina.  – ¡Qué lindo el vestido que hizo esa señora! Te voy a comprar uno para cuando nos casemos Zulema-.

-No molestes -repuso la joven cocinera- contigo no me casaría aunque me dieran un millón de pesos, así como eres de lépero, jamás vas a conseguirte una mujer para esposa-. Jajajajajajajaja, Gaspar lanzó una carcajada y le respondió:-no te puedo dar un millón, pero sí mucho dinero si me acompañas en una aventura-. ¿Qué aventura?, preguntó la cocinerita.

Gaspar le contó a Zulema que la costurera era una mujer que ganaba mucho dinero, que posiblemente guardaba una gran fortuna porque no tenía hijos ni se le conocían familiares.

El interés de la mujer fue creciendo día a día hasta que finalmente urdieron un plan para despojar a la costurera de lo que ellos imaginaban era una fortuna increíble. Las calles cholultecas, se llenaban de remolinos en aquel tiempo, no estaban pavimentadas y los niños aprovechaban para jugar con el viento elevando papalotes. En medio de aquellos vientos caminaba Zulema para encontrarse con Gaspar.

-Me gusta la puntualidad -dijo Gaspar-, se ve que vienes preparada para hacerle la visita a doña Gloria. ¿Conseguiste la tela?-. La joven sonrió y dijo: -aquí la llevo, estoy lista.  Caminaron hacia la casa de doña Gloria haciendo planes de lo que harían con el dinero de la costurera, pero una duda asaltó a Zulema.  -¿Y si nos descubre qué pasará? Muy sencillo -expresó Gaspar- es muy sencillo, ahí mismo la matamos.

El cuerpo de la joven se estremeció, siguieron y ella no dijo nada. -Buenos días muchachos -dijo doña Gloria-, a usted lo conozco, ¿trabaja con doña Marisela, verdad?

-Así es -repuso el hombre-, y como conozco su trabajo le traje a esta muchacha para que le haga un vestido bonito. Ella también trabaja con doña Marisela, no tiene tanto dinero como la patrona, pero…  -No importa interrumpió la costurera, no le cobraré mucho dinero. ¿Trajo la tela, muchacha? Zulema vaciló, estaba nerviosa, extendió sus manos y entregó la tela para el vestido.  -Tienes buen gusto, me fascina esta tela. Bien, vamos a tomarle las medidas y buscaremos un modelo bonito que sea apropiado a su figura.

Mientras la costurera tomaba las medidas corporales de su nueva clienta, Gaspar escudriñaba la habitación, descubrió una doble pared de madera, por una rendija vio varios billetes y se dio cuenta de que ahí guardaba el dinero doña Gloria. La costurera terminó y le dijo a su clienta que podría regresar en tres días, se despidió de la pareja y todo parecía normal, pero no era así.

Cuando salieron de la casa el hombre manifestó:  -Descubrí dónde esconde el dinero, vamos a ser ricos, Zulema, vamos a quitarle todo el billete a la doña esa y… -¿Tiene que ser hoy mismo? ¿Qué tal si lo cambia de lugar? Media hora después regresaron a casa de la costurera, tenían un plan bien elaborado para engañar a doña Gloria.

-Disculpe doña Gloria-, dijo Zulema, -nos regresamos porque se me olvidó decirle que quiero que me le ponga unas aplicaciones al vestido-. La costurera los recibió con amabilidad y mientras atendía a la joven, el hombre se fue directo a la doble pared donde estaba el dinero y tratando de hacer el menor ruido logró despegar una tabla y se quedó mudo de asombro: había billetes de todas las denominaciones.

Comenzó a llenarse las bolsas con el dinero de la costurera. Repentinamente fue descubierto por doña Gloria, quien se lanzó sobre el hombre y fue recibida con un puñetazo en el rostro que la hizo rodar por el suelo hasta pegar de cabeza. El golpe recibido en la cabeza era mortal, la doña, en su agonía, vio a sus asaltantes y apenas pudo balbucear: -Gusanos, gusanos-…. Y ahí quedó muerta.

Zulema, asustada, fue la primera en salir corriendo seguida del hombre, quien había llenado, además de sus bolsas, un saco que encontró en la casa con los billetes de la difunta.

Se escondieron en la casa de Zulema y comenzaron a contar el dinero, eran billetes de cien pesos, quinientos y de mil. Cuando el hombre comenzó a sacar el dinero de sus bolsas, lo que sacó fue un puñado de gusanos negros, asquerosos, babeantes y peludos. El cuerpo de Zulema se fue llenando de gusanos y pronto los dos cayeron al suelo mientras eran cubiertos  de aquellos asquerosos bichos, hasta que murieron asfixiados por la baba que producían las larvas.

Cuentan los ancianos que vivieron en aquella época  tiempo después de aquella trágica muerte, oír extraños llantos por las noches y comentaban sobre un resplandor proveniente de la casa en donde laboraba doña Gloria.

Tales acontecimientos, fueron motivo suficiente para que en donde estaba el taller de la costurera, desde ese día le ofrendan alimentos y fruta esperando que en algún momento su alma alcance la paz, y consiga el descanso eterno.

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