Otro día más, migrantes en Magdalena Mixhuca a la espera de una ruta

Ciudad de Mexico, 08 de Noviembre (Notimex/entresemana.mx).- Mientras los migrantes centroamericanos que están en Ciudad de Deportiva Magdalena Mixhuca inician “otro día más” en la Ciudad de México, también se preparan para la reunión en la que acordarán la ruta que tomarán para continuar su travesía rumbo a Estados Unidos.

Desde temprano, grandes y pequeños, jóvenes y viejos se levantaron para asearse y dirigirse al área de comedor, donde tomaron los alimentos que las autoridades capitalinas les proporcionan.

Así es como esperan la reunión en la que decidirán hacia dónde van a continuar su camino desde la capital mexicana hacia la frontera norte, con la esperanza de lograr el sueño americano, cruzar territorio norteamericano y encontrar un trabajo digno.

Unos viajan solos, como Omar López, de 25 años de edad, originario de Puerto Cortés, Honduras, de donde huyó de la homofobia y la discriminación por ser homosexual, y quien también busca llegar a la Unión Americana para trabajar y ayudar a su mamá.

“Vengo yo solo, lo principal es ayudar a mi mamá. Vengo yo sólo, vengo huyendo de la homofobia que hay en Honduras, allá nos discriminan por ser homosexuales, nos tratan mal, nos agreden mucho y quiero llegar a Estados Unidos para ayudar a mi familia y mas a mi madre y salir adelante”, expresó.

Omar comentó que desde hace 25 días viene en la caravana y llegó a la Ciudad de México, desde Chiapas, caminando y en aventón, aunque ahora sufre por el frío, sobre todo en las noches, y aunque se tapa con dos cobijas, tiene gripa y tos desde hace una semana que ni con medicamento se le quita.

En cambio, Shierlye Villanueva, también viene desde el 12 de octubre en la caravana de migrantes hondureños, junto con su mamá de 59 años sus hermanos y sobrinitos.

Ella y su familia han sufrido la inclemencia del frío, sobre todo en las noches, por lo que tratan de dormir juntos para calentarse, mientras que durante el día disfrutan del sol y del clima templado.

“Yo estoy desde que inició la caravana el 12 de octubre y mi objetivo es el sueño americano, cruzar la frontera hacia Estados Unidos, si Dios quiere, para ayudar a mi familia. Vengo con mi madre, mis hermanos y mi sobrinos. Mi mamá tiene 59 años de edad, y mi sobrinos tienen 17, 14, 10, ocho y seis. Todos venimos en la caravana”, comentó.

Aunque ambos centroamericanos no conocen a nadie del “otro lado” y sólo piensan en llegar a Estados Unidos, donde puedan trabajar y tener un empleo digno y bien remunerado.

“Supuestamente podríamos continuar mañana viernes la caravana, pero todavía no nos han confirmado nada. Hoy va haber una reunión, al rato, y ahí nos van a decir”, dijo Shierlye.

Pedro Flores, de profesión herrero, viaja con su esposa y su hija de seis años. Vendió toda su herramienta para sumarse a la caravana y ha considerado quedarse en México, y ayer acudió a la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) y se inscribió para que le proporcionen un documento para que pueda trabajar.

Sin embargo, dijo estar desesperado porque consideró que se tardan mucho para que le den el papel que lo identifique y pueda buscar trabajo.

Aunque lamentó que la comida que les proporcionan en esta Ciudad Deportiva no es apta en ocasiones para los menores, contó que muchos migrantes que venían en la caravana ya se han ido, unos a seguir el viaje solos y otros a través de migración para regresar a Honduras.

Pedro es originario de Comayagua, Honduras, ahí tenía un taller de herrería, pero la falta de trabajo y que en su a país no hay dinero, decidió vender lo que tenía y empezar la aventura para ir a Estados Unidos a trabajar y empezar una nueva vida con su familia.

En un campamento, donde se sabe que hay gente con gripa y tos, los niños corren, los jóvenes juegan con un balón fútbol y las mujeres platican entre ellas y diambulan con sus hijos.

Los hombres adultos y algunos ancianos se reúnen, platican y fuman en espera de la comida y que los convoquen a una reunión para saber hacia dónde van a seguir y cuándo continuarán el viaje; otros aprovechan para lavar la poca ropa que tienen y poder cambiarse.

Así transcurre oto día para los migrantes centroamericanos que pese a las vicisitudes, se levantan cada mañana, sin saber lo que les espera en su camino rumbo a Estados Unidos y mucho menos, el descenlace de su trayecto.

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