Travesía/ La economía mexicana en la época de Juárez/Luis González y González et al

Serafín Vázquez

Puebla, Puebla, 14 de noviembre (entresemana.mx). Sesenta periódicos de la capital y cuarenta estatales difundieron que el 18 de julio de 1872, a las once y cuarto de la noche, había muerto el presidente de México, Benito Juárez García, de un ataque al corazón.

El historiador Luis González escribe que si la existencia de Benito Juárez (1806-1872) no hubiera rebasado los 27 años, seguramente ninguna historia lo recodaría, ni siquiera la de san Pablo Guelatao, donde nació.

Si sólo hubiera rebasado los 48 años, quizá figuraría en la historia de Oaxaca por haber sido gobernador.

Pero pese a que entró a la escena nacional casi cincuentón y muriera físicamente a los 66 años, nadie se atreve a negar su destacado papel en la construcción de esa nación a la que llamamos México; fue tal su importancia que al periodo que va de 1854 a 1876 se le llama La Era de Juárez.

Y sin embargo, de ese indio oaxaqueño sólo conocemos la fecha de su natalicio y su frase: El derecho ajeno es la paz, pero desconocemos el contexto histórico en el que vivió.

Esa frase forma parte del manifiesto del 15 de julio de 1867 que pronunció tras regresar a la Ciudad de México y derrotara los invasores franceses comandados por Maximiliano de Habsburgo y los conservadores.

En él reconocía la valía de los mexicanos que lucharon contra el II Imperio francés.

Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.

Como si adivinara que por esa frase generaciones futuras lo recordarían, también solía decir:

Quisiera que se me juzgara no por mis dichos sino por mis hechos.

El México de 1850

Hacia 1850, gracias a los Tratados de Guadalupe, México ya había perdido 2 millones de km2 de superficie, pero se había quedado con los mismos 8 millones de personas, la gran mayoría distribuida en la altiplanicie central, sólo un 10 por ciento se concentraba en 25 ciudades: México, Puebla, Guanajuato, Guadalajara y Querétaro, principalmente. Y muchísimo territorio mayormente despoblado.

El promedio de vida era de 24 años. Los recién nacidos morían a montones, pues mientras nacían cuarenta por cada mil, fallecían 30 por cada millar. Pulmonía, paludismo y fiebre amarilla diezmaban a la población. Y pese a los ideales de la Independencia, se acentuaba la desigualdad entre los mexicanos.

Los ricos seguían siendo mineros, comerciantes, hacendados y clérigos prestamistas y casatenientes, y una escasa clase media.

La mayor miseria la padecía el campesino, pero en las ciudades también se vivía en la mugre, las cuchilladas, los robos y la holgazanería.

Para 1850 aún había pueblos originarios que defendían sus tierras y que buscaban sobrevivir: Nómadas del norte que cazaban, recolectaban y robaban: comanches, seris, apaches.

Semibárbaros norteños que eran agricultores, pero mayormente recolectores y cazadores, incluso de animales domésticos y cosechas ajenas: pápagos, pimas, yumas, yaquis, mayos, tarahumaras, tepehuanes, coras y huicholes, a todos ellos se les perseguía.

Ocho de cada diez mexicanos se gastaba la vida en la agricultura para el consumo local, donde cultivaban maíz, frijol, trigo, chile. Caña de azúcar, café y tabaco y maguey pulquero.

Una minoría criaba ganado y sembraba algodón, añil y vainilla.

Sólo la minería no era de autoconsumo.

No había caminos y el transporte a lomo de mula era carísimo y corría el riesgo de ser asaltado.

Los grupos económicos dominantes querían apropiarse no sólo de las tierras de los indios, sino también de las de la Iglesia y de las del Estado.

Y así, mientras la gran mayoría se disputaba las tierras, grupos minoritarios peleaban el poder político a través de los muchos líderes que produjo la lucha de Independencia.

En lo educativo sobrevivían, universidades y seminarios eclesiásticos de la época española colonial.

Sin embargo, sólo uno de cada diez niños recibía enseñanza básica; y sólo uno de cada mil jóvenes alcanzaba su título profesional.

Había abundancia de periódicos. Cada ciudad tenía el suyo. En México había muchísimos, aparte de los tres más famosos: El Universal, conservador; y El Siglo XIX y  El Monitor Republicano, liberales.

Conservadores y liberales

Patriotas al fin, los escasos intelectuales se dividían en conservadores y liberales, y les alarmaba la pérdida de medio territorio arrebatado por el imperialismo norteamericano.

Los conservadores provenían de clases acomodas y relacionadas con el clero; mientras los liberales, de familias modestas, eran abogados, literatos y románticos.

Los conservadores suspiraban por el regreso del orden español y las grandes monarquías, la religión católica, un gobierno fuerte, pero sin abusos; se pronunciaban en contra del federalismo y todo lo que oliera a elecciones populares. Y tenían como líder a un ya viejo Lucas Alamán.

Los liberales no tenían un líder identificado, pero ya destacaban algunos cuarentones como Benito Juárez, educado en el Seminario eclesiástico y el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca.

También figuraban Melchor Ocampo, Miguel Lerdo de Tejada, y un militar, Ignacio Comonfort.

Los liberales decían que la tradición hispánica, indígena y católica se oponía al desarrollo de México y por tanto se manifestaban por mayores libertades en el trabajo, el comercio  la industria, la educación; por la tolerancia de cultos, la supeditación de la Iglesia al Estado, la democracia representativa y la independencia de los poderes, el federalismo, y el debilitamiento y reducción de las fuerzas armadas.

Pero aún entre los liberales había una división, pues los puros o rojo querían los cambios ya; mientras que los moderados proponían que estos cambios se fueran dando poco, sin forzarlos y sin enfrentamientos.

Mientras liberales peleaban entre sí, los conservadores aliados al Clero -poderosa organización tanto en aquella época como ahora- tomaban el poder político con Antonio López de Santa Anna en 1853, quien vendería el territorio conocido como La Mesilla, se autonombraría Alteza Serenísima, prohibiría artículos subversivos y emprendería la persecución de liberales. Además de llegar al extremo de cobrar impuestos por coches, caballos, perros y hasta ventanas.

Por lo que las rebeliones en su contra no tardaron en estallar.

El dictador llegó a tener un ejército de 90 mil hombres, recuérdese, señala González y González, que fue presidente de México hasta en 11 ocasiones.

Finalmente, triunfan las rebeliones y en 1855 Santa Anna se embarca rumbo a Cuba.

Toman el poder los liberales con Juan Álvarez, quien gobierna dos meses, e Ignacio Comonfort que pone en marcha la separación de la Iglesia del Estado y además prohíbe cobros que hacía la Iglesia e inicia la confiscación de sus bienes.

Lo que provocará la condena del Clero y nuevamente rebeliones, ahora encabezadas por conservadores, pues por primera vez un grupo de diputados liberales promulga una Constitución, la de 1857, con derechos como estos: libertad de enseñanza, supresión de votos religiosos, libertad de Imprenta, ratificaba las leyes Juárez e Iglesias y la Ley Lerdo.

Garantizaba la propiedad privada, pero sin permitir la monopolización.

Entre los diputados liberales que promulgaron la Constitución de 1857 estaban:

Ignacio Ramírez: La historia del derecho divino está escrita por las manos de los opresores, con el sudor y la sangre de los pueblos.

Ignacio Luis Vallarta: No necesitamos más pastores espirituales.

José María Velasco: Aumentar el número de propietarios a costa de los existentes.

Ponciano Arriaga: distribuir las tierras feraces y hoy incultas entre los hombres laboriosos de nuestro país.

La Guerra de Reforma

Aunque el presidente Comonfort se adhirió al plan rebelde de Tacubaya de los conservadores, éstos lo destituyeron al ver que ya no contaba con el apoyo de los liberales.

Juárez asume por primera vez la presidencia el 19 de marzo de 1858.

La guerra durará tres años y los primeros triunfos corresponden a conservadores con el general Miguel Miramón, a quien apodan El Rayo de los conservadores por sus victorias militares.

En julio de 1859 Juárez lanza sus Leyes de Reforma que nacionalizan los bienes de la Iglesia, cierra los conventos, establece que el matrimonio es un contrato civil y da poder a jueces para  encargarse del registro de nacimientos y muertes, además de prohibir muchas fiestas religiosas.

Mientras conservadores miran hacia Europa, Juárez y su gabinete firman tratados con Estados Unidos para permitirle el paso a perpetuidad por el Istmo de Tehuantepec.

Cuando Juárez estableció su itinerante gobierno en Veracruz y Miguel Miramón intentó sitiarlo con siete mil hombres y dos buques, la Marina de Estados Unidos los aprehende y frustra los planes conservadores.

Durante esta guerra civil Juárez contó con jóvenes militares como Ignacio Zaragoza y Jesús González Ortega. Además de Santos Degollado, Leandro Valle y el político Melchor Ocampo, quienes morirán asesinados por nuevas rebeliones conservadoras que desencadenarían la segunda intervención francesa.

Intervención y Segundo Imperio

Napoleón III veía con preocupación la expansión del poderío económico y político de Estados Unidos, por lo que bastó la petición de los conservadores para gobernar México para que de inmediato Francia enviará al príncipe Fernando Maximiliano de Habsburgo a establecer un imperio. El pretexto fue la deuda exterior.

Inglaterra, España y Francia enviaron tropas a México. Ochocientos ingleses, 6200 españoles y tres mil franceses.

Tras las negociaciones, Inglaterra y España se retiraron, no así los franceses, a quien Benito Juárez les permitió adentrarse en tierra y evitarles enfermedades como el paludismo y la fiebre amarilla, con la condición de regresar a las costas si se declaraban la guerra los dos países, pacto que Francia incumplió.

Se declararon las hostilidades, y México obtuvo una victoria el 5 de mayo de 1862, por lo que Napoleón III mandó más tropas a nuestro país hasta llegar a 30 mil soldados para establecer una monarquía.

La pareja imperial de Maximiliano y la princesa belga Carlota, escribe Luis González,  atrae la simpatía de muchos grupos sociales, menos la de los conservadores, pues en su gabinete predominaban los liberales moderados.

Maximiliano decía que confiaba más en las buenas leyes que en la virtud de los buenos caudillos, también declaraba que los indios eran la mejor gente del país.

Mientras la aristocracia mexicana intentaba parecer europea, Maximiliano acostumbraba vestir de charro, y Carlota paseaba cubierta con un jorongo. Y al igual que los liberales, expide leyes que nacionalizan los bienes del clero, crea el registro civil y leyes que intentan mejorar salarios y condiciones de trabajo.

Para mantener el Imperio, Francia le concede millonarios préstamos a Maximiliano

Finalmente, Napoleón III le retira tanto el apoyo económico como militar y lo deja a su suerte pese a los ruegos de Carlota, quien empieza  a perder la razón y a imaginar que Maximiliano es amo del mundo y señor del Universo.

Es fusilado en el Cerro de las Campanas junto con los conservadores Miguel Miramón, Tomás Mejía y Leonardo Márquez el 19 de junio de 1867.

Habrá que anotar que en cada etapa de su gobierno, Juárez estuvo acompañado de personas de carne y hueso que posibilitaron tanto sus triunfos militares como la consolidación de sus planes políticos y económicos.

La República Restaurada

Tras el triunfo liberal, la hacienda (finanzas) pública estaba en bancarrota, pues entre otros problemas cada jefe militar tenía sus cajas recaudadoras y entraba poquísimo dinero a la Tesorería.

La deuda pública era de 450 millones de pesos, pues el imperio de Maximiliano estaba endeudado con Francia; y el ejército liberal lo constituían 80 mil soldados indisciplinados y desordenados que consumían recursos.

Así que el gobierno de Juárez, fiel a su costumbre desconoció la deuda imperial, con lo que se redujo a 84 millones. También redujo las fuerzas armadas a sólo 16 mil hombres con los que pudo enfrentar a indígenas rebeldes y bandoleros en todo el país, e impulsar la construcción del ferrocarril.

Coinciden historiadores que pese a sus buenos deseos, las medidas económicas como la confiscación de bienes a la iglesia favorecieron más a comerciantes que a trabajadores, campesinos e indios, quienes mediante artimañas , iban siendo despojados de sus tierras..

Surgieron así varias asociaciones obreras y periódicos que veían en la huelga una forma de presionar a los dueños de mineras y textileras: El Socialista, la Comuna, El hijo del trabajo….

la huelga viene a llenar el vacío que ya se hacía necesario cubrir para nivelar un tanto los réditos del capital con los productos del trabajo.

Concluye Luis González:

los aristócratas no ganaron las guerras de Reforma o Intervención, pero seguramente tampoco las perdieron del todo. Si se empobrecieron, no se notó; si perdieron fuerza política, no fue por mucho tiempo…

Muy rápidamente congeniaron con la gente de clase media que iba en ascenso y que era principal portadora de los valores más estimados por la élite liberal, los valores de la riqueza, la ilustración, las ciencias y las artes.

Sin embargo, los historiadores reconocen que Juárez y su gente tuvieron las intenciones de favorecer a peones, obreros e indígenas, pero sus condiciones de vida apenas si mejoraron, tal vez porque los liberales se ocuparon de temas más urgentes que de la situación de los marginados.

El espacio se termina y apenas si me he referido al primer capítulo-La era de Juárez, de Luis González,-del libro La economía mexicana en la época de Juárez.

Pero hay más capítulos en los que participan Enrique Florescano y María del Rosario Lanzagorta con Política económica, Romeo Flores con Etapas del desarrollo industrial y Comercio interior, Inés Herrera y  Comercio interior, y Jan Bazant con Desamortización y nacionalización de los bienes de la Iglesia.

En ellos se detalla la política económica de Juárez, pues después de las guerras civiles, ya no se trataba de tomar el poder político, sino el económico a través de la desamortización de los bienes del clero.

Por lo que se manejan conceptos como desamortización, alcabalas, estancos, Ley Lerdo, Leyes de Juárez.

AMLO y Morena

Para finalizar, y sin querer comparar la era de Juárez con la época actual, pues Andrés Manuel López Obrador no es Benito Juárez ni la amalgama de políticos que se agrupan en Morena se parecen en nada a los liberales de Juárez, lo cierto es que en México un nuevo grupo ha ganado la Presidencia de la República, pero aún no tiene todo el poder político, ni mucho menos el económico y el militar para gobernar y llevar a cabo los cambios prometidos en elecciones?

La economía mexicana en la época de Juárez (Fragmentos)

En su lucha contra la iglesia, los liberales comprendieron que para privarla de su poder, debían quitarle sus bienes, su base económica.

Los hombres que en 1821 amanecieron ciudadanos de una nación independiente se encontraron con un país destruido y desarticulado por la guerra. La fuente de su antiguo esplendor, la minería, había sido rudamente afectada, sobre todo en la zona de El Bajío, teatro principal de la guerra.

Los arrieros transportaban todo tipo de mercancías. El total de mulas utilizadas en la arriería en el país se calculaba en cerca de 16,000 que dejaban una utilidad de 400,000 pesos aproximadamente.

Las alcabalas significaban, a nivel local, el medio más práctico y seguro para obtener fondos para los gobiernos estatales. Su existencia era, sin duda alguna, la causa más importante del estancamiento de la agricultura, la industria y el comercio nacionales.

La invasión francesa y el imperio de Maximiliano fueron incapaces de conseguir el respaldo popular que les fue ofrecido por la burguesía y los mexicanos aristocratizantes. El Imperio no conoció la tranquilidad ni la paz pública.

El ejército liberal, juarista y nacional, como lo califica Chávez Orozco, estuvo integrado por artesanos, obreros, y por pequeños propietarios respaldados por la masa campesina y urbana.

La economía mexicana, después del tiempo de Juárez, y la del pueblo con la intervención francesa y el imperio de Maximiliano, estaba más o menos en la misma situación que durante los primeros años de vida independiente… No había ahorro interno y los capitalistas mexicanos no estaban dispuestos a acudir en ayuda del gobierno.

Hasta Benito Juárez, y exceptuando a Antonio López de Santa Anna, los presidentes mexicanos, desde la consumación de la independencia, no habían permanecido en el poder el tiempo suficiente para diseñar una política económica clara y duradera.

La economía mexicana en la época de Juárez

Luis González y González, Enrique Florescano, María del Rosario Lanzagorta, Romeo Flores Caballero, Inés Herrera Canales y Jan Bazant

Secretaría de Industria y Comercio/Gobierno de México

México, 1973

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