EL OTRO DATO/ AMLO, circo, maroma y teatro

JUAN CHÁVEZ. A una semana en el poder Ejecutivo, López  Obrador parece agarrado de la brocha porque los otros poderes, Legislativo y Judicial, le quitan la escalera.

También los medios hacen lo suyo y en la carpa mayor, lo atosigan con el número de homicidios en su primer fin de semana, 1 y 2 de diciembre, que no cuadra con los dados a conocer y alega, muy en su defensa,  que las ejecuciones del crimen organizado disminuyeron en 50%.

Los gobernadores lo exhiben con sus súper delegados y el de Tabasco tiene que ceder: no le entrarán, estos personajes del nuevo gobierno, al tema de la seguridad pública. El respeto a la soberanía de los estados y la independencia de los municipios, se impone.

Es la sagrada ley, la Constitución, la que está librando a los mexicanos  de las medidas anticonstitucionales del hombre que se conforma con ganar 108 mil pesos al mes como presidente del país.

Claro, no dice que no gastará un centavo en gasolina, electricidad, agua y el pago a la servidumbre que le atiende en su casa de Tlalpan y Palacio Nacional.

Tampoco se ha detenido a informar cuánto le cuesta a la nación el cuerpo de seguridad civil de 20 hombres y mujeres que se auto creó para sustituir al Estado Mayor Presidencial.

¡Vamos: no le entrará al gasto de lavandería ni de tintorería! ¡No gastará ni en jabón para las manos! Son muchas y variadas las prerrogativas que se tienen como Presidente.

El gasto de cualquier jefe o jefa de familia, se haría desahogadamente con 108 mil. Pero con los malos salarios, los que apoquinamos para sostener el hogar, estamos siempre ahogados económicamente.

Pero López Obrados está en sus escenas de teatro, luego de ser tramoyista en los pasados 18 años.

Digamos que para aprender a tocar el violín, se requieren muchos años. A lo mejor los que él se llevó en sus aspiraciones no le sirvieron para maldita la cosa  y ahora esas decisiones adoptadas como presidente electo y metidas con calzador a leyes inconstitucionales, están frustrando  al más pintado.

Bueno, las están derrumbando directamente los afectados.

Por eso, veo como un circo el espectáculo de los otros dos poderes, que le están desgarrando la carpa al tabasqueño, apenas en sus primeros días de gobernar a México.

Ya se lo aventaron en un capirucho  con la demanda de inconstitucionalidad  de la Ley Federal de Remuneraciones, la que ya “está en trámite” al darle entrada la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

El ministro Alberto Pérez Dayán admitió a trámite la acción de inconstitucionalidad tramitada por la minoría en el Senado y afirmó que la medida de suspensión no impide a los diputados incrementar o reducir los sueldos si así lo consideren.

El de la Corte, como dicen en el futbol, fue un paradón al que parecía un golazo del centro delantero de la maltrecha democracia mexicana.

Y el partido, que entrará en 2019 a su primer año, tendrá que jugarse con algo semejante al Presupuesto 2018, dado que el Supremo Tribunal ordena no considerarlo con las minusvalías salariales  pretendidas en la ley que ha entrado en trámite de no reconocimiento constitucional.

En  palabras del jurisconsulto Pérez Dayán:

“Con el fin de preservar la materia del juicio y evitar que se cause daño irreparable, procede conceder la suspensión solicitada para el efecto de que las remuneraciones que perciban los servidores públicos de los poderes de la Unión y de todos los demás entes públicos para el ejercicio de 2019, no sean fijados en términos de la ley reclamada, hasta en tanto se resuelva el fondo de la controversia”.

En palabras simples, quieto Nerón, no te avientes a mordisquear a todos los que se te pongan enfrente.

Así  las cosas, los diputados podrán decirle al Presidente: “No, no vas a ganar 108 mil cómo quieres. Vas a recibir un ingreso salarial conforme a tus responsabilidades  y especificaciones del cargo que actualmente ostentas”. Es decir, más de los 108 mil. Algo que lo dignifique, no que lo haga  notar como un disminuido.

Los propios diputados, en su dictamen, podrán incrementar los salarios de los funcionarios que actualmente ganan menos.

Total: no más  columpios en el trapecio del circo. La Constitución es la Constitución y es la que manda. Y hay que respetarla, amigo Presidente.

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