EL OTRO DATO/ Zaldívar, ¿contrapeso de López?

JUAN CHÁVEZ. Sin carrera judicial de por medio, con arribo directo a la Suprema Corte de Justicia de la Nación en 2009 a promoción del entonces presidente Felipe Calderón, el nuevo presidente del Alto Tribunal es garantía de la independencia y autonomía del Poder Judicial de la Federación.

Arturo Zaldívar, no obstante su formación inicial en colegios maristas, es un liberal a conciencia. Sus primeros estudios los realizó en Querétaro, pero apoyado por su madre y trabajando desde joven, viajó a la ciudad de México para formarse abogado en la Escuela Libre de Derecho.

Tuvo oportunidad, con becas en la mano, de ir por un doctorado a prestigiosas universidades de Estados Unidos, pero, al fallecimiento de su padre, auxilió a su madre en la manutención de sus hermanos. Hizo su doctorado en Derecho en la UNAM y tiene la mejor opinión del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la máxima casa de estudios de México.

Es un apasionado del derecho constitucional, del que es profesor, aparte de haberse desenvuelto como abogado postulante durante 25 años.

La Constitución es su máximo baluarte. O como diría Juárez, que López Obrador suele mencionar a cada rato: “Es su escudo y su espada”.

Con Zaldívar vamos a ver un Poder Judicial real, de trayectoria limpia y, más que nada, aunque la concepción parezca política, “pegado a la gente”.

No en balde, en su discurso de toma de posesión, expresó la necesidad de renovar, transformar el Poder Judicial, con “visión de diálogo” pero respetando totalmente su independencia y autonomía.

No habrá más trastabilleos. Al presidente López Obrador se le dictarán con toda claridad, las sentencias que correspondan a sus atropellamientos al orden que las leyes marcan.

La sociedad pues ha ganado con este eminente abogado que no ha estado mamando chiche de ese, uno de los tres poderes que conforman y sustentan al gobierno de nuestro país.

Su exordio a jueces y magistrados a recobrar la confianza de la sociedad, es algo que, traducido al lenguaje obradorista, marca una severa línea a la corrupción en los medios donde los litigantes sabemos que “todo se soluciona” con dinero.

Es probable que no haya más compra de jueces y que la justicia se imparta limpia, pronta y expedita, como la Carta Magna lo señala.

Tengo la certeza que tales prácticas habrán de ser rescatadas poco a poco, sin las prisas con que López Obrador quiere arreglar las cosas sagradas de este México nuestro.

En el Poder Judicial, con el ministro presidente Zaldívar, se puede llegar a borrar del lenguaje popular la socorrida frase de que con “dinero baila el perro”, cuando se busca de los jueces el “favor de la justicia”.

Son 850 tribunales los que tendrá a su cargo el nuevo presidente de la Corte, llegado a la cúspide de una carrera con 7 de los 11 votos que integran los ministros del Alto Tribunal.

A ellos llamó a renovarse bajo un diálogo que mantenga la unidad y teniendo presente que “la independencia judicial no es una entelequia; es un presupuesto indispensable para el Estado Constitucional de Derecho”.

En palabras escuetas: todo por los caminos de la Constitución; sobre la Constitución, nada ni nadie.

A López Obrador podrá parecerle que se le apareció el propio fantasma del Benemérito. Es su sentir y pensar. Y quisiéramos, los que somos de buena fe, que ya le parara a su carro y vea que no es destrozando la colosal obra que iba a ser el NAIM, como se ama a México.

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