EL OTRO DATO/ El circo de Dios

JUAN CHÁVEZ. Circo, maroma y baile con el papa en El Vaticano.

Se dio la divertida de su vida con los circenses cubanos que le presentaron su espectáculo en el auditorio  Pablo VI  de la sede religiosa.

Fue llamado el “espectáculo sagrado” y Francisco invitó al Circo de Cuba seguir con sus expresiones de belleza, porque la belleza es “estar cerca de Dios”.

Mientras, un día después, el jueves 3 de enero, China sorprendía con un espectáculo mayor: el alunizaje de su sonda espacial Chang’e en el polo sur de la cara oculta del satélite de la Tierra.

Los secretos de la Luna, desaparecieron con las fotos que la sonda china envió al encantador planeta que el divino dio a la humanidad como domicilio exclusivo.

El Papa, señaló Publimetro, “sorprende en acto circense”.

El entretenimiento de malabares había estado lleno de colorido. Con él se divirtieron también los miles de creyentes que asistieron a la audiencia papal de los miércoles.

Lo de China fue una hazaña espacial que no había conseguido antes ningún país. Estar físicamente presente, con un sofisticado aparato que responde a los mandos que desde la Tierra le son enviados, ¿no es también estar cerca de Dios?

Por lo menos, el Todopoderoso no impidió que el país más habitado del mundo y escasamente apegado al catolicismo del Vaticano, se encuentre, con su sonda en esa hasta entonces “parte oculta” de la Luna, con la idea de crear vida en esa parte escondida de nuestro sistema solar.

La sonda de China lleva la misión de hacer observaciones astronómicas y comenzar, en estricta tarea biológica, la “siembra de vida”.

El país oriental, que disputa a Estados Unidos la supremacía comercial entre los millones de consumidores de todo tipo de productos, planea, con su sonda, plantar semillas de papa y mostaza para “observar su crecimiento”.

China demuestra –no estar contra Dios, por cierto—pero sí, como hacer las cosas y no desperdiciar el dineral que cuesta romper el espacio sideral para ubicar una sonda “sembradora de vida” en la Luna.

El tigre asiático sigue sorprendiendo al mundo.

Por lo menos, sin romper sus murallas ancestrales, como en México lo hace el presidente López Obrador con las obras que iban a dar vida al segundo aeropuerto más importante del orbe, ya  irrumpió en la Luna con su novísimo aparato.

Ya se estacionó en la parte oculta, no se sabe si por mandato divino o simplemente porque China es China y cree bien poco en los cuentos de la Galilea y de los profetas que no profetizaron jamás los alcances del hombre en sus exploraciones del espacio infinito.

Un circo fuera y muy lejos del Vaticano y su líder. Pero cerquita de Dios, ¿no?

www.entresemana.mx

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