EL OTRO DATO/ Fin de luna de miel con AMLO

 

JUAN CHÁVEZ. Por acelerado que parezca, así es.

Si en estos momentos se llevara a efecto el referéndum a que se comprometió someterse al tercer año de su gobierno, sin duda le sería revocado el mandato y dejaría de ser presidente.

Errores de cálculo, cerrar los ductos sin una adecuada planificación en  la distribución de gasolinas, emprender una lucha contra el huachicol e inyectar a la sociedad mexicana un desabasto inmisericorde  que, aparte, no tiene para cuándo terminar, tienen un costo político.

La relación de AMLO con el pueblo, incluso con muchos de sus seguidores, se ha enfriado y en nada alivia a los consumidores del combustible, saber que se ahorraron 2,500 millones de pesos impidiendo el robo de energéticos en la red de ductos.

No es posible medir el tamaño del descontento, pero es incuestionable que la incompetencia tiene un costo.

Y hay que avizorar que al desabasto de gasolina habrá que sumar las implicaciones, que todavía no llegan del todo, de la cancelación del NAIM o los daños al medio ambiente del Tren Maya.

Cada consumidor de gasolina sabe lo que perdió. Su tiempo, que para él es oro molido, le importó un carajo al presidente emprendedor del combate al huachicol en un plan que solo produjo daños a la sociedad en general.

Para colmo, el ducto Tuxpan-Azcapotzalco, que surte de gasolina importada de Texas al Valle de México, incluida la capital de la República, registró una fuga en el manguerazo huachicolero  que parecía haber quedado reparada ayer miércoles, de acuerdo a información oficial.

El desabasto, que ya  no pudo negar López Obrador que hasta el martes subrayaba se trataba de “fallas en la distribución pero que había suficientes volúmenes de gasolina”, sigue y sin abrir los ductos, la distribución en pipas no cubrirá las exigencias de las demandas.

Pablo Castañón, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, ha alertado que si no se pone fin al desabasto, “se corre el riesgo de una parálisis en la cadena productiva” que abarcaría a los camiones y tráileres de carga de mercancía.

Ello implicaría un drástico golpe a la economía y el encarecimiento de muchos productos de consumo perecedero.

El transportar la gasolina en pipas es 14 veces más caro que distribuirla en los ductos que permanecen cerrados por un operativo hecho a ciegas, sin considerar para nada cálculos tecnócratas que son herramientas indispensables.

La crisis del gasolinazo de AMLO apenas será el principio de otra que resultará extraordinaria si se considera que el gobierno de López no acepta ni a tiros que sus decisiones sean acompañadas de más ciencia y menos corazonadas.

Sus decisiones son unilaterales. No consultó, como lo hizo en caso del NAIM y el Tren Maya, el paso que dio al provocar el salvaje desabasto  que arrinconó el uso de instrumentos tecnológicos y colocó miles de militares en las instalaciones petroleras ya “ahogado el niño”.

www.entresemana.mx

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