EL OTRO DATO/ Campeón… ¡con  apoyo!

JUAN CHÁVEZ. En la zona huachicolera del estado de México, el presidente López Obrador le levantó la mano al gobernador Alfredo del  Mazo, como si  en el ring de la política el mexiquense hubiese vencido a alguien.

Un evento irreverente y ofensivo, falto de dignidad para quien  no ha sabido gobernar  la entidad y es detestado  por  la población.

Algo que para los ojos de quienes protestaban no significó otra cosa que no fuera un gesto de bondad  del  mandamás, de misericordia  para quien  lo  acompañaba   en su recorrido por esa zona dominada  por  los peligrosos cárteles del huachicoleo.

Lo evidente fue que el  jefe del Ejecutivo federal procedió así para acallar los  abucheos  y chiflidos que el pueblo congregado en la plaza de Acambay dirigió contra “su” gobernador.

Acambay  e Ixtlahuaca  fueron los municipios que  AMLO visitó en su tercera  gira al estado de México  en  el  mes de enero.

Antes, en el Valle de Chalco, había hecho lo mismo para  iniciar una especie de protectorado político a Alfredo del  Mazo  Maza que,  en la época del priismo en la cúpula del poder,  se identificaba como “espaldarazo”.

Ahora, el presidente dueño de Morena, el partido  que fundó y con el que arrasó en las elecciones presidenciales, olvidándose de los ataques al PRI y de acusar a Del Mazo como uno de los grandes corruptores  en el gobierno de Peña Nieto, su primo, por cierto, ya  la hizo de apoyador  del tercer Alfredo del  Mazo  que gobierna el  Edomex.

Antes lo hicieron su recién desaparecido padre Alfredo del Mazo González  y su abuelo Alfredo del Mazo Vélez.

El tercer Del  Mazo de la dinastía, acerca de año y medio de haber iniciado su mandato, no  ha podido devolver  la  tranquilidad  pública a  la sociedad que gobierna.

El estado de México, en el campo de la violencia, es el más inseguro del país, con cifras espeluznantes. Ocupa el  primer lugar en feminicidios, el último perpetrado  en una niña de apenas 11 años  que fue secuestrada  el 19  de enero en Chimalhuacán.

Una niña que soñaba con  ser futbolista y que salió de su casa para ir a un café internet y esperar que su papá la recogiera.

Una víctima más de las muchas que integran  las estadísticas de la entidad señalada como una de las más inseguras de la República.

López Obrador parece haber firmado  una paz que quién sabe cuánto dure   con el gobernador Del Mazo.

¿Conveniencia?

Política sí, indiscutiblemente porque a pesar de que la entidad se convirtió en bastión de Morena en la jornada electoral del  pasado  mes de julio, a quién más le conviene ser apoyado públicamente por el presidente, es al gobernador, a quien detesta  la ciudadanía… nomás  por pertenecer  a  “la familia que más se ha enriquecido con el poder”, sostenía en campaña  López  Obrador.

Con levantarle la mano en pleno mitin parece que acaban las diferencias. Por demás, el presidente ya no se refiere a  Del Mazo como el primo de su antecesor, ni el heredero de la dinastía de políticos que “han hecho del poder público un negocio de familia”.

El nuevo negocio, ahora, parece  ser el de olvidar los  pleitos  de campaña electoral y acurrucar a los que fueron contendientes, por lo menos en el  estado de México.

A aquel  que decía que había robado la gubernatura a Delfina Gómez Álvarez, la maestra de primaria que cimbró al priismo mexiquense, le tomó de la mano al mismo tiempo que a ella en Chalco.

Algo que los medios interpretaron como una señal  de que la plaza mexiquense está en calma, políticamente hablando.

Pero que no necesariamente encajona  la aprehensión que más se conoce del actuar de Alfredo del Mazo Maza en Banobras, en los tiempos  en que Peña Nieto lo envió  a hacerse cargo de esa institución del Estado.

Durante su carrera política  –que por desgracia aún no concluye–, uno de los mayores señalamientos ha tenido que ver con corrupción  que involucra pérdidas para el erario por alrededor de dos mil millones de pesos.

Según el columnista Salvador Camarena de El Financiero, Del Mazo, como director de Banobras en el sexenio peñista, prestó 99.4 millones de dólares a una empresa llamada Rodisa, filial de Rotary Drillrigs International que tenía un par de contratos con Pemex.

El problema fue que Rodisa falsificó  documentos al tramitar las garantías para el crédito. Y  de acuerdo al expediente de la averiguación previa UEiORPIFAM/AP/260/2014 que cita Camarena, Banobras suscribió el contrato de crédito con Rodisa el 13 de agosto de 2013 para transferir los millonarios recursos a la cuenta 6290-4-27546 de Bank of America.

El hecho, que encuera  a Del Mazo es que en menos de 100 días, entre el 30 de agosto y el 5 de diciembre de 2013, quienes tenían acceso a esa cuenta la fueron vaciando hasta dejarla en ceros.

Quienes saben del caso señalan que Del Mazo no supo o no quiso saber que al mismo tiempo que él autorizaba el préstamo a Rodisa, en Pemex se encendían las alertas tras descubrir que la póliza de uno  de los contratos era falsa.

La cuestión central es que Banobras no actuó de inmediato y que tardó mucho tiempo en presentar la denuncia ante la entonces PGR, cosa que hizo hasta el 21 de noviembre de 2014.

Lo peor es que quién estaba obligado a llevar el asunto ante la justicia hoy es el gobernador del estado de México que ha asegurado, una y otra vez, que está combatiendo la corrupción.

Ha de esperar, seguramente, que López Obrador, cuantas veces vaya a la entidad en sus acostumbradas giras de trabajo, siga levantándole la mano como el “gobernador campeón” entre los 32 que, con el del afamado Grupo Atlacomulco –que con él ya está muerto–, gobiernan a las entidades el país.

Con todo, el error más grave, desde la esfera política, es no haberse  desligado del ex gobernador Eruviel Ávila en sus tiempos de campaña y aparecer como un sumiso ante él que, cabe recordar,  le impidió el paso a la gubernatura que su primo Peña Nieto le había ofrecido en el 2011.

Es de esa promesa  que se afina la tesis de un pacto entre Peña Nieto, Del Mazo y López Obrador y que según analistas se cumplió el 1 de julio con el reconocimiento inmediato  del triunfo del candidato de Morena por parte de sus oponentes  José Antonio Meade (PRI) y Ricardo Anaya (PAN) a cambio de fortalecer la gubernatura de Del  Mazo en la entidad mexiquense.

O sea, según tal  pacto, todo marcha sobre ruedas…

Vale rememorar que Peña Nieto no asistió a su toma de posesión pero sí a su primer informe, punto  que valoró como  “el único informe de un gobernador al que asistí  como presidente”. Cosas del hojalatero mayor, de cómo se las gastaba…

www.entresemana.mx

 

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