EL OTRO DATO/ Transformación y Constitución

 

JUAN CHÁVEZ. Parchada o no, la Constitución de 1917 constituye para López Obrador el punto de partida de “su” cuarta transformación.

En la conmemoración del 102 aniversario de la Ley de leyes promulgada por Venustiano Carranza, el mandatario la destacó  como “nacionalista y de gran contenido social”.

Pero insistió en que la 4T exige una nueva  Constitución  para  la que, reconoció, no existen en  la actualidad  las condiciones necesarias   para que se dé.

Es relevante para él, sin embargo, hacerle las reformas que sea  menester.

En otras palabras, está decidido a introducirle más parches y remiendos, aunque “no hay que descartar una nueva Constitución en el futuro”, dijo.

Lo sorprende es que en el discurso que pronunció en el Teatro de la República en Querétaro, haya considerado a la Carta Magna como liberal ante los reiterados ataques, una y otra vez, al “neoliberalismo” que se finca precisamente en los mandatos del  ordenamiento legal  superior.

Su perorata no fue más que otra expresión de las bolas que se hace en los empeños de su  4T.

Así, señaló que ha habido tres constituciones federales, la de 1824, la de 1857 y la de 1917… “Las tres constituciones se aprobaron luego de movimientos  de transformación”.

“Tres transformaciones y tres constituciones”, señaló.

La Constitución de 1857 fue aprobada por el presidente Ignacio Comonfort y estaba conformada por 8 títulos y 128 artículos. Similar a la de 1824, implantó de nueva cuenta el  federalismo y la república representativa, la cual contaba  de 25 estados, un territorio y el Distrito Federal.

Esa Constitución en la que Juárez, el ídolo ideológico del presidente López, nada tuvo que ver, apoyó la autonomía de los municipios en los que se divide políticamente cada estado.

Esa historia constitucional, desafortunadamente para  el país, está siendo  agredida y  degradada por el  obradorcismo   que está  cancelando la autonomía de entes surgidos en las últimas décadas como los sobrepesos al presidencialismo autoritario que le cae como anillo al dedo al hombre Macuspana que sigue echándole fierros a la lumbre del populismo.

En el fondo sus reverencias a la Constitución de 1917 no fueron más que parte de la hipocresía y voluntarismo  exacerbado con que está gobernando  a  México.

www.entresemana.mx

 

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