INFLEXIONES DESDE EL INSOMNIO/ No apta para todos, ¿para quiénes?

JOSÉ MARÍA ARELLANO MORA. En mis caminatas habituales en este gran Conjunto Habitacional, aumentan alteraciones en los pasillos; degaste, adoquines rotos y faltantes, abultados por raíces de árboles.

También es habitual ver a personas de la tercera edad, en su andar pausado sortean hoyos, inclinaciones y por supuesto heces caninas.

Algunos registros de agua, coladeras sin la tapa correspondiente, algún ciudadano avezado, al menos coloca una tabla o cualquier objeto para ser notoria la presencia del riesgo para algún  distraído con el celular o, en el peor de los casos, niños o personas de la tercera edad, principalmente.

Por otra parte, las aceras, aunque algunas tienen la altura promedio, ésta es difícil para subir-bajar para las personas de la tercera edad. Las rampas para uso de sillas de ruedas, es usada por motocicletas particulares y de reparto de mercancías.

Por igual, las motocicletas, es un peligro por el tránsito en la zona peatonal, por excelencia, de Tlatelolco. Los peatones se hacen a un lado, cuando el vehículo debe detenerse o disminuir la velocidad, situación que no debe existir porque está prohibido el tránsito de estos vehículos.

Que hay reparaciones sí, pero algunas de mala forma o desconocimiento. Como ejemplo, el pasillo Oeste, entre el edificio José María Arteaga y la estación del Metro Tlatelolco. Quedó arreglado pero conservaron la inclinación hacia el edificio producto del hundimiento del suelo.

Aunque en los sesentas, estaba prohibido pisar y jugar las áreas verdes, ahora ni dan ganas de pisar el pasto o cruzar el área verde, por el peligro de pisar heces caninas, algunas zonas están invadidas de ellas.

Cuenta la leyenda. En los años setentas, una abuelita habitualmente tomaba copetines y acostumbraba cruzar la avenida Nonoalco, ahora Ricardo Flores Magón, hacía la colonia Guerrero; nunca le sucedió nada. Sus familiares y amigos, preocupados, le pedían que evitara cruzar sin compañía la avenida. Cuando la abuelita decidió no degustar sus copitas, al pasar la avenida, fatalmente la atropellaron.

Por cierto, el camellón, de ahora, avenida Ricardo Flores Magón, desde pocos años antes, que dejara llamarse Nonoalco, no ha tenido la altura debida, está casi al ras del arroyo.

Esto pasa en el mundo, en la Ciudad de México y también en Tlatelolco.

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