LEYENDAS DE PUEBLA/ La cajita musical

Emma López Juárez

Puebla de los Ángeles, 10 de febrero (entresemana.mx). En una tienda de antigüedades que se encuentra en la 18 poniente, Samantha acababa de comprar una cajita musical, le gustó porque  tenía una bailarina diminuta que giraba mientras el tema se escuchaba.

La bailarina reposaba en terciopelo rojo y tras ella había un espejo pequeño que reflejaba la misma posición de siempre. Por fuera, era color perla y tenía un huequecillo en uno de los lados, donde alguna vez había estado la llave que daba cuerda, con traje nacarado y sus perfectas zapatillas de ballet. El cabello recogido en alto con una corona y sus profundos ojos azules. Era hermosa.

El tema era dulce y melancólico a la vez, amaba esa cajita, se dio cuenta que mientras la música sonaba,  parecía que una débil voz apenas susceptible tarareaba al ritmo de la melodía, así que decidió cerrarla por un momento.

De soltera Samantha había asistido a clases de ballet, por lo que esa compra le resultaba maravillosa, sería su compañera en su dulce espera, ya que siempre quiso tener un hijo y después de tantos años de estar unida a su pareja Erick, por fin había logrado quedar embarazada. Erick no era precisamente el esposo modelo, era un bebedor, mujeriego, que trataba muy mal a su esposa, hasta llegó a golpearla, por suerte para ella, desde lo del embarazo, no había vuelto a hacerlo, pero su maltrato psicológico no había cambiado.

Cada vez que tenía problemas con Erick, Samantha se encerraba en su habitación, le daba vueltas a la manecilla, y una melodía triste pero a la vez hermosa salió de aquella pequeña caja, ella la colocaba cerca de su ya pronunciado abdomen, como para que su futuro hijo la escuchara, mientras cerraba los ojos e imaginaba estar en cualquier lugar menos cerca de Erick.

Una noche, Erick regreso a casa ebrio, al parecer la joven se había quedado dormida y la cena no estaba lista, el esposo enfurecido la fue a buscar a la habitación, encontrándola dormida en una silla con la cajita en las piernas.

Samantha despertó en un instante al escuchar los gritos enfurecidos de Erick, el cual le arrebató la cajita para destruirla, la joven mamá le gritó que no lo hiciera, y tuvo una lucha con él, Erick la lanzó al suelo, provocando que Samantha se golpeara en el estómago, produciéndole un aborto. Erick se fue de la casa al instante, y fueron los vecinos quienes la llevaron al hospital.

Unas semanas después, Erick se había ido definitivamente de la casa, Samantha estaba muy deprimida y triste por la pérdida de su hijo, casi no comía, y parecía haber perdido motivo para vivir, así que para sentirse mejor, se sentó a escuchar la triste melodía de su cajita musical, y transportarse a otra parte cerrando sus ojos.

Sólo que esta vez mientras lo hacía, escuchó unos pasos que se acercaban a su habitación, reaccionó asustada, pensando que tal vez era Erick quien había regresado, sin embargo al sostener la manecilla para que la caja dejara de sonar, los pasos también cesaron, tal vez era su imaginación, pero al continuar con la música, los pasos continuaron, hasta detenerse justo frente a la entrada de su habitación.

Samantha abrió los ojos lentamente, y allí frente a ella, vio una bailarina de ballet, esquelética, con poco cabello bailando al ritmo de la cajita musical y tarareando con su voz espectral, parecía una pluma que caía con el viento, se fue girando al fondo del pasillo donde estaba oscuro y llevando de la mano una pequeña figura cubierta con una sábana como si se tratara de un niño jugando a ser fantasma, una sensación de aire frío recorrió el cuerpo de Samantha  y el miedo recorría su piel a mil por hora.

Ese pequeño ser no se movía, la bailarina lo movía como impulsado por un fuerte viento que movía macabramente la sábana que le cubría de pies a cabeza. La música de la caja estaba por terminar, Samantha se acercó al niño para descubrirlo y verle el rostro, pero al finalizar la música, la pequeña figura simplemente desapareció. Aun así, algo no estaba bien.

La situación se siguió repitiendo cada día, pero Samantha no lograba ver qué o quién estaba debajo de la sábana, aunque le aterraba, en el fondo ella sentía que tal vez era aquel niño en su vientre que nunca pudo nacer. Una mañana mientras no estaba en casa, su peor pesadilla se hizo realidad, Erick regresó a casa, entrando con su propia llave, pateando las cosas molesto porque ella no estaba.

-¿Dónde estará esta mujer?, la esperaré aquí en su habitación, y mejor será que no demore. ¡Vaya! esta parece ser esa  tonta caja de música que siempre está escuchando, ¿qué tema le absorberá tanto que pierde la cabeza al oírlo?

Erick en su ignorancia y arrogancia, giró las manecillas para activar la triste melodía de la caja, y claro, los pasos comenzaron a sentirse a medida que la música avanzaba, Erick también pensó que era tal vez Samantha que regresaba, pero  de igual manera vio a este niño cubierto con la sábana cual fantasma parado allí en la entrada sin moverse, sólo parecía mirarlo.

-Pero, ¿quién diablos eres tú chiquillo, cómo entraste aquí?, será mejor que te vayas antes de que te golpee… Aún la música no terminaba, y Erick se abalanzó a quitarle la sábana al niño descubriéndolo, no pudo contarle a nadie lo que había visto, porque los vecinos sólo escucharon su grito de terror y muerte.

Localizaron a Samantha y con palabras entrecortadas trataron de explicar lo que escucharon en su departamento, ella  se apresuró a llegar, al entrar estaba todo destrozado y al dirigirse a su habitación estaba Erick en el suelo sin vida, pero le faltaban sus ojos, los cuales parecía que él se había arrancado.

La cajita estaba en el suelo, Samantha la levantó, y al abrirla, esta vez la música se activó sola, ella no había girado la manecilla, se escuchaban los pasos que regresaban, Samantha trataba desesperadamente de que dejara de funcionar, pero era imposible.

La estrelló contra el piso, pero allí estaba el niño en la entrada, ya la estaba mirando, y para terror de ella, la caja seguía produciendo su triste melodía, el niño se acercaba lentamente a Samantha, quien estaba en el suelo tratando de tapar su rostro con las manos para no ver.

El niño fue removiendo la sabana de su cuerpo al sonar de la melodía, se podían ver sus pies, que parecían patas, sus manos que eran como pequeñas garras, Samantha cerró sus ojos con toda su fuerza para no ver el rostro, pero el niño dijo algo que la hizo abrirlos de golpe.

-Mami, ¿por qué no me miras a la cara?

Samantha levantó su mirada y luego de gritar igual que lo hizo Erick, se empezó a arrancar los ojos con sus dedos, era como si lo que estuviera viendo fuera algo tan terrorífico, que les obligaba a hacerlo. Los vecinos encontraron ambos cadáveres sin ojos, nadie se explicaba qué podía haber pasado.

Tal vez nunca se trató del hijo que no nació, tal vez era otra cosa, algo diferente, quizá algo despertó dentro de esa cajita de música que ahora está allí, esperando ser recuperada por alguien que la haga sonar de nuevo, ¿te atreves?

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