DE MEMORIA/ De dioses hablamos…

CARLOS FERREYRA CARRASCO. Este es el subcomediante Marcos en sus momentos de gloria, cuando los Monos Blancos italianos desplazaban y agredían a los simpatizantes nacionales, reclamando una patente de propiedad sobre el pintoresco personaje.

Esos años y por razones de trabajo, visité Italia, España y tuve contacto con agrupaciones civiles alemanas y francesas.

Tuve la duda entonces, la tengo ahora, sobre el excesivo interés en esos países por inflar la imagen de un sujeto que a muchos les parecía genio, pero a otros nos daba la impresión de ser un excelente reciclador y adaptador de tradiciones orales chiapanecas.

Como hemos visto al paso de los años, todo quedó en agua de borrajas, personaje deslavado con vanos intentos de resurgir, ahora como Galeano.

Marcos declaró la guerra al gobierno mexicano, sin establecer ideologías, tendencias o partidos. Lo vemos a la expectativa para aprovechar el momento que pueda lanzar una declaración que conmueva a sus ya casi extintos seguidores.

Con irresponsabilidad inconcebible, los sucesivos gobiernos a partir de Salinas lo han dejado hacer, mientras los pobladores de sus “Aguascalientes” sufren por falta de atención médica y los niños marchan al paso de los infames miembros de la CNTE; o sea, sin clases.

Debimos juzgar a Marcos desde su aparición con su funambulesco disfraz con el que imagina que los mexicanos suponemos que así se deben vestir los revolucionarios, los nacionales y los modernos de la etapa post Che Guevara.

A su botarga sólo le faltaron unos foquitos que hubiese podido aprovechar para alquilarse como árbol de navidad o darle lucimiento a la fiesta de alguna quinceañera.

Sin detalle, pero es ridículo con su canana repleta de cartuchos para escopeta de gran calibre, pero sin escopeta a la vista. Y no se diga el radioteléfono conectado con antiquísimos auriculares en una zona donde un par de chiflidos y un grito a todo pulmón lo escucha hasta el más baldado de las orejas.

La pipa es un detalle de distinción, porque lo más sencillo es comprar cigarrillos, lo que nos lleva a la cantimplora que si no la trae repleta de ron, puede arrearse de su jamelgo y abastecerse de agua en la tienda más cercana… o una limonada de coca, que es de su gusto, pero helada.

Quizá después de un comentario en su reaparición, recogido en forma negativa por los ciudadanos, no esté dispuesto a confrontarse con el primer centenario de Don Peje, lo que lo llevaría a la desagradable conclusión que ha dejado de existir cuando todavía piensa que está allí.

Marcos se alzó en armas en 1994, primero de enero. Había sido denunciado por el gobernador chiapaneco Patrocinio González Blanco, al que ordenaron quedarse tranquilo. Igual con el jefe de la zona militar, Miguel Ángel Godínez, al que los zapatitos le asesinaron dos elementos que recorrían a pie la región.

La razón del mandatario para impedir un ruido mayor: se negociaba el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y no eran convenientes las distracciones.

Al levantarse en armas, Marcos envió campesinos armados para atacar la Zona Militar. Vano empeño que terminó frustrado cuando los verdes salieron a combatir a campo abierto y en el mercado de San Cristóbal mataron a una cantidad no especificada de rebeldes… armados con rifles de madera.

Suficiente para que al dirigente rebelde se le hubiese juzgado y condenado no sólo por el intento de asonada, sino por el asesinato de los hombres enviados a combatir con palos. Y por ahí la justificación: fueron los soldados, sí, pero ¿cómo saber que las armas eran simuladas?

Marcos llegó a tomarle la medida a cada presidente, al grado de abusar del retraso mental de un mandatario que le patrocinó un periplo que culminó con un policía federal muerto; los diputados, siempre serviles e inservibles, prestándose a servir como coro a quien fue nombrada oradora en la que vanidosamente llaman la máxima tribuna de la Nación.

El cuerpo de guardianes llamados los Monos Blancos italianos, se apoderaron de la caravana “Zapatista” viajando con nuestros impuestos. Los sujetos pusieron especial cuidado en discriminar a los mexicanos a los que impedían acercarse… o seleccionaban a quienes ellos querían.

Los principales auxilios económicos que recibía Marcos eran procedentes de Alemania, Italia, Francia y España, donde había una sospechosa euforia por el hombre de la cabeza de estambre.

Imposible, entonces, intentar una explicación coherente en centros universitarios o en el ámbito intelectual de esos países. Se asumía, como hoy, lo que dictaba el fetichismo creado más por los europeos que por los mismos mexicanos.

Marcos desapareció para resurgir como Galeano. Coincidió con el arribo al poder de Andrés Manuel López Obrador con quien lo distancia sendos egos y las visiones de seres predestinados.

En su reaparición Galeano no se sintió obligado a explicar su ausencia. Ni a responder versiones que lo hacían viviendo en París como un Marcelo Ebrard cualquiera, a costillas de sus cooperantes.

Nadie espera a estas alturas una declaración del ex Marcos. No tendrían el menor valor como se puede decir que nada de lo que hizo tuvo resultados positivos. El cierre de escuelas, la cancelación de clínicas y la expulsión de maestros y médicos no pueden ser motivo de aplauso.

Hoy a Marcos no le alcanza para impedir la gran obra, sueño de verano del mandatario: un tren hasta la puerta de su casa en Palenque. Argumentos hay, sobran, pero hay uno incontrovertible: es decisión de Don Peje.

carlos_ferreyra_carrasco@hotmail.com

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