EL OTRO DATO/ Ancianos burlados por AMLO

JUAN CHÁVEZ. Suman miles, tal vez millones, los viejos y las viejitas que siguen  colgados de la esperanza de recibir la pensión  a los de la tercera edad  prometida  por AMLO en campaña y repetida muchas veces  en sus palabras presidenciales.

“Estamos bien atrasados”, me confesó una empleada que pidió mantenerse en el  anonimato.

El centro de salud, que está  desenrollando  el terrífico problema que enfrentan los adultos mayores de 68 años, está lleno de hombre y mujeres de la tercera edad.

“Ya no somos de tercera; parece que vamos en reversa con López Obrador”, me dijo festivo uno de ellos.

Prometió que al iniciarse 2019, los ancianos estarían recibiendo los beneficios del Programa de Apoyo a los Adultos Mayores.

Pero no ha cumplido. No del todo, porque hay un sector que, si no tuviera necesidad, no  ahogaría los sitios donde les ha sido señalado, recibirán la tarjeta de “su” pensión.

En el colmo, se quejó una señora de unos 80 años, “a mí ya me entregaron la tarjeta de “Bienestar”, pero en el banco me dicen que no han depositado el dinero”.

Ahora, me consta, están emplazando para el 15 de abril  para recibir los 2 mil 550 pesos ofertados como pensión a los viejitos por el político tabasqueño.

Pero como ya estaremos en plena Semana Santa, sonará el  “sermón de la montaña lopezobradorcista” para señalar, seguramente, que el nuevo retraso no es su culpa, sino del Cristo crucificado hace 2 mil años.

López Obrador, en  franco desdoro a la clase que ya va de salida en esta vida, declaró, primero, que el 90% de los ocho millones de viejitos que contempla su programa como beneficiarios, “ya recibieron la pensión”.

Ese dicho se lo revolcó la prensa a principios de marzo. Ahora, en declaración de su mañanera de este viernes, apuntó que “falta un millón de tarjetas por entregar”.

Las cifras no cuadran: un millón de ocho millones, no es ni a tiros el 90% a que se refirió en la primera declaración del espinoso embarazo para los viejitos que no han podido hacer despensa ni comprarse las medicinas que su destartalada salud les exige.

Y es que así se las gasta el hojalatero-presidente. Habla por hablar y él mismo, en sus actos de política electoral todavía, entrega los afamados plásticos.

Con sus poses populistas lo único que está sembrando es  desconfianza.

Una encuesta de El Financiero, ya le apunta la primera baja en su popularidad: 8 puntos menos de los 82 que había alcanzado.

No entiende que el presidencial es un tobogán auténtico… que conduce al precipicio político, si se engaña al pueblo.

Aquí  le paro. Bajo la cortina por Semana Santa, no vaya a ser que se me aparezca el Diablo por no respetar el ayuno en el trabajo.

www.entresemana.mx

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