Permanente resistencia de los mayas a la sumisión

>> Conferencia de la historiadora Lorena Careaga

Norma L. Vázquez Alanís

Ciudad de México, 14 de abril (entresemana.mx). Ante la convergencia entre el mundo occidental y el indígena hace 500 años, los mayas decidieron conservarse como grupo social y preservar su cultura de muy diversas maneras: por medio de la resistencia pasiva, la evasión, el escape y el aislamiento, además de que huyeron de las encomiendas y misiones en un proceso de readaptación constante gracias al cual hoy en día son el segundo grupo étnico más fuerte y numeroso de México.

La resistencia armada fue también, por supuesto, una de las formas en que los mayas pudieron conservar su cultura, de modo que la denominada ‘Guerra de castas’ no fue un hecho aislado, sino parte de una cadena de rebeliones que se dieron desde la conquista de la península de Yucatán, que tardó 20 años en consumarse a diferencia de la de Tenochtitlan que duró tres años.

Y precisamente para hablar de esta guerra, el Centro de Estudios de Historia de México Carso (CEHM) convocó a Lorena Careaga, doctora en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, a dictar una conferencia sobre el tema con motivo del ‘Encuentro de dos culturas’ hace 500 años.

En la península de Yucatán realmente nunca se consumó esa conquista por parte de los españoles, precisó Careaga, pues había rebeliones indígenas continuas a lo largo de todo ese territorio, pero tampoco se logró acabar con ellas después de que la Nueva España lograra su independencia. La Guerra de castas fue una rebelión más de los mayas, pero la más duradera y posiblemente la que caló muy profundamente.

En su charla titulada “Una faceta más del encuentro: La Guerra de Castas”, la también antropóloga social indicó que fue un acontecimiento regional de mucha importancia porque, a fin de cuentas, determinó la actual división política de la península en tres entidades, además de que fue la rebelión indígena de mayor duración del continente, que se prolongó 50 años.

Asimismo -explicó la ponente- provocó una serie de reformas y de cambios tanto económicos como sociales significativos; propició la intervención directa o indirecta en el conflicto de las grandes potencias de la época, al tiempo que reforzó los lazos históricos, sociales y culturales que siempre había habido con la entonces colonia de Honduras Británica, hoy Belice.

Quintana Roo es resultado de la Guerra de castas

La zona oriental de la península fue el último lugar que se integró al Estado mexicano, aunque en realidad estuvo fuera de la autoridad de Yucatán y del gobierno federal por varias décadas, pues estaba bajo el domino de estos mayas en rebeldía. La creación de Quintana Roo fue una consecuencia directa de la Guerra de castas.

El conflicto se inició en 1840 en Valladolid, enclavada en la zona maya entre Mérida y Campeche, con una población que se sentía muy orgullosa de sus raíces, de su abolengo y contaba con algunas fábricas de hilados y tejidos, como consecuencia de un proceso local de modernización que empezó a provocar fuertes dislocaciones económicas y sociales porque no se dio de una manera homogénea.

Esto causó un desequilibrio muy importante porque surgieron muchas plantaciones azucareras con sus ingenios adyacentes y, como la producción de caña requiere mucha tierra, mucha agua y mucha mano de obra, los campesinos fueron cooptados, sus tierras fueron invadidas por las plantaciones y ellos se tuvieron que convertir en mano de obra para los ingenios.

Si bien los mayas eran ciudadanos con derechos, puesto que la Constitución de 1824 así lo consideraba, en la realidad no podían ejercerlos; además tenían que pagar más impuestos civiles y religiosos de los que sufragaban antes de la Independencia, de manera que tenían una carga tributaria muy alta, estaban sujetos a las haciendas, donde había una disciplina tremenda, férrea, y castigos corporales muy fuertes, dijo Careaga, profesora fundadora del Departamento de Antropología en la Universidad de Quintana Roo.

Ya el cronista viajero y explorador estadounidense John Lloyd Stephens, quien visitó la península en 1841, habló del cepo, de los azotes, de los grilletes y de que cualquier disensión o rebeldía era reprimida rápidamente en las haciendas.

En virtud de que siempre hubo una rivalidad enorme entre Mérida y Campeche por el control de la península, utilizaban a los mayas de ambos lados y les dieron armas, lo que de alguna manera les daba poder. Pero los que se levantaron en armas fueron campesinos todavía libres que estaban viendo sus tierras, su agua y su libertad coartadas por las plantaciones azucareras. En el siglo XIX, cualquier levantamiento indígena era considerado una ‘guerra de castas’ porque así los denominaban los políticos e historiadores yucatecos de aquella época, precisó la conferenciante.

Enfrentamiento entre dos culturas

Era ciertamente un enfrentamiento racial entre dos culturas muy diferentes; era una guerra social porque surgió de condiciones socioeconómicas muy particulares; fue sin duda una rebelión campesina y en su momento también fue una guerra de independencia. Y tan larga, que los objetivos fueron cambiando; en un principio los mayas demandaban una disminución de la carga tributaria, y luego pidieron que se quitara a toda la población de Yucatán.

Había líderes mayas cuyo objetivo era exterminar a la población blanca, o por lo menos expulsarla de la península, así que pasado el tiempo sería una guerra sin cuartel; finalmente ya solo pedían que los dejaran ser independientes, que no se metieran con ellos y les permitieran vivir en el oriente de la península. Estos mayas armados tenían la certeza de poder inclinar la balanza a su favor.

El levantamiento armado comenzó el 30 de junio de 1847 con ataques pueblo tras pueblo, en algunos casos masacraron a la población y en otros provocaron una huida de los yucatecos de esos lugares hacia Mérida, Campeche, Nueva Orleans y Honduras Británica. Esta guerra tan larga tuvo muchas etapas; se inició con una ofensiva relámpago y luego siguió la táctica de la guerra de guerrillas, tuvo sus altibajos y sus momentos de equilibrio para terminar medio siglo después.

Una bien organizada campaña militar lanzada en1895 al mando del general Ignacio Bravo y la creación de un territorio federal -Quintana Roo- para que el gobierno federal controlara desde el centro esa entidad, pusieron fin al conflicto armado de los mayas. Y es que la guerra de castas debía tener un fin oficial, porque no hubo batalla en la que los mayas hubieran salido derrotados, pero había que ponerle un término, lo que sucedió el uno de junio de 1904; a Porfirio Díaz se le dio el Gran Cordón del Mérito Militar por haber unificado la patria, sin embargo, ello no significó la sumisión de los mayas, concluyo la doctora Lorena Careaga.

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