INFLEXIONES DESDE EL INSOMNIO/ La tecnología no es

JOSÉ MARÍA ARELLANO MORAN. En los años sesentas, la comunicación era diferente.

Por esos años, costaba tener una línea telefónica. Teniendo la conexión en cada departamento, la gran mayoría no tenía.

Por igual, escasas las casetas telefónicas. Poco a poco hubo alrededor y en las vialidades que atraviesan la Unidad.

En casa el dichoso aparato llego a finales de los setentas. Papá, enumeró las indicaciones de uso, entre ellas, solamente en caso de gran necesidad. La indicación, se volvió costumbre.

Por igual, fue con la televisión. Eran de bulbos, y tiro por viaje se descomponía. Hasta tener  el billete para repararlo, llegaba el técnico para repararlo. Para variar, condiciones de uso, hasta después de haber hecho la tarea y los deberes en casa. Fueron pocos años de “idiotización” por ver “La caja idiota”.

Entre otras cosas para no pelear para ver el televisor, elegimos programas cada quien, así todos gozábamos del aparato telereceptor. Mi madre, veía la telenovela del momento. Papá, los domingos, veía las corridas de toros y, de vez en cuando llegaba un vecino, porque en su casa, su esposa no lo dejaba ver el futbol. El box, esporádicamente se veía.

Los domingos era día de convivencia familiar por excelencia, como día de fiesta, se ponían los discos que previamente elegíamos para escuchar durante la  comida y sobremesa. Y al no haber variedad de programación, nos chutábamos “Siempre en domingo”. Al Caer la noche, el festín llegaba a su fin. Nos encaminábamos para preparar el día siguiente. El lunes.

Entre semana, se escuchaba la radio, de los éxitos del momento, en Radio Capital, La pantera, Radio Joya…

En la hora de la comida, platicábamos o comentábamos algún tema de la situación nacional o familiar.

Así como se sataniza a la tecnología actual, en su momento se hizo con la televisión. Ahora con los teléfonos móviles, tabletas y los video juegos.

Todos buscamos espacio de intimidad, pero si hay problemas de comunicación entre los miembros de la familia, no es culpa de la tecnología sino problema de la familia. No hubo cercanía en los miembros familiares o hay una ruptura de interrelación comunicativa.

Esto pasa en el mundo, en la Ciudad de México y también en Tlatelolco.

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